Aca les dejo esto escrito por Bejuk, la verdad me hizo poner la piel de (cuervo), ni siquiera habia nacido, pero siento que lo ubiese vivido...
Gracias ciclon por ser tan grandeee!!!
Aguante San Lorenzo!
Un cuarto de siglo atrás, San Lorenzo ascendía al lugar que jamás debió haber dejado: la Primera.
YO NO SALTO.
EDUARDO BEJUK
El que no salta...
Yo no salto. Yo me fui a la B. Me quedo parado, sigo ahí, firme, como esa tarde en Ferro, penal puñal que nos atravesó las tripas (no el alma), y sepan que ahí mismo empezó la prueba de amor más grande que conoció nuestro fútbol. Yo no salto. Imposible. Porque estoy en River, apretado con 70 mil personas más; y en Vélez, con otras 50.000, y el codo a codo tiembla con un SanLoreee, una hinchada que no se consigue en 1. Yo no salto. Me deslizo en cada avalancha, cabeceo con Rinaldi, descuelgo el centro con Cousillas y grito cada gol como Insua: con el corazón. Yo no salto, como saltan nuevos ricos o aristócratas venidos a menos, pobres al fin, que se emborrachan con sus Copas y no sé qué más, y pretenden enrostrárselas a La Gloriosa. Salten, nomás, por ahí nos alcanzan. Estamos allá arriba, volando, donde amanece de cintas y papelitos, donde la fidelidad es canción y pacto cumplido, donde la tristeza se hace añicos con sonidos de bombo y redoblante. Yo no salto. Nosotros no saltamos. Para qué si hace 25 años llegamos —y nos ganamos— el Cielo.
Fotos
Fuente:
Gracias ciclon por ser tan grandeee!!!
Aguante San Lorenzo!
Un cuarto de siglo atrás, San Lorenzo ascendía al lugar que jamás debió haber dejado: la Primera.
YO NO SALTO.
EDUARDO BEJUK
El que no salta...
Yo no salto. Yo me fui a la B. Me quedo parado, sigo ahí, firme, como esa tarde en Ferro, penal puñal que nos atravesó las tripas (no el alma), y sepan que ahí mismo empezó la prueba de amor más grande que conoció nuestro fútbol. Yo no salto. Imposible. Porque estoy en River, apretado con 70 mil personas más; y en Vélez, con otras 50.000, y el codo a codo tiembla con un SanLoreee, una hinchada que no se consigue en 1. Yo no salto. Me deslizo en cada avalancha, cabeceo con Rinaldi, descuelgo el centro con Cousillas y grito cada gol como Insua: con el corazón. Yo no salto, como saltan nuevos ricos o aristócratas venidos a menos, pobres al fin, que se emborrachan con sus Copas y no sé qué más, y pretenden enrostrárselas a La Gloriosa. Salten, nomás, por ahí nos alcanzan. Estamos allá arriba, volando, donde amanece de cintas y papelitos, donde la fidelidad es canción y pacto cumplido, donde la tristeza se hace añicos con sonidos de bombo y redoblante. Yo no salto. Nosotros no saltamos. Para qué si hace 25 años llegamos —y nos ganamos— el Cielo.
Fotos
Fuente:

