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Cuento propio: Agua podrida.

Arte7/13/2010
Avanzamos hacia la negra boca del destino,impulsados ciegamente por el envión de la esperanza. Caemos y nos levantamos,sabemos que debemos levantarnos, aunque se partan las piernas del cansancio, aunque nos muerdan los tobillos las ratas, aunque el olor a mierda nos asfixie. No sé cuántos quedamos, veo la silueta del Ruso chapoteando a unos veinte metros por delante. El Perro viene atrás mío, escucho sus puteadas como golpes, contra las ratas, contra los tiras, contra la mierda, contra la vida. Nos movemos casi a tientas, nuestras linternas apenas nos dan una macabra penumbra intermitente de reflejos y sombras que surgen repentinas, se nos abalanzan y desaparecen.
Méndez nos dijo que era posible, que él había trabajado en las cloacas varios años,que podía conseguir un plano, que podía sacarnos con los ojos cerrados, que para cuando se dieran cuenta ya estaríamos afuera. Méndez nos dijo eso, dijo muchas cosas, pero no dijo nada más cuando una bala disparada por un guardia inoportuno al comienzo de la fuga le perforó la frente, dando inicio al desbande.
El escalofrío atenaza mi espalda, los estampidos se suceden secos, impiadosos, los gritos me sacuden con sus ráfagas. Me tiro al piso sin dudarlo, sintiendo la fetidez inundándome la cara. Intento quedarme quieto, los temblores de mi cuerpo no me dejan. Las explosiones llegan al clímax, parece que surgieran de cada grieta, de cada piedra, como alimañas enloquecidas. Entonces, el silencio. El silencio explotando por todas partes, adhiriéndose a la oscuridad, penetrando la humedad infinita de los muros, el silencio infectando las pútridas aguas, atravesando mi cabeza con los estiletes de la locura. Permanezco respirando mi propio miedo, hinchándome de él, sintiendo su mandoble en mis huesos.
No sé cuánto tiempo pasa, tomo conciencia de que debo volver a moverme, de que la jauría viene por mí, ansiosa de mi carne y de mi sangre.Mi mano intenta levantarme y golpea contra un nido de cucarachas que se desparraman por mi cuerpo, siento el cosquilleo de sus patas nerviosas contra mi piel. Vuelvo a chapotear, caigo sobre mis rodillas y vuelvo a levantarme. No escucho a mis compañeros, sólo escucho los chillidos de las ratas asustadas a mi paso,el chapoteo torpe de mis pies y mis propios jadeos destilando miedo.
De pronto algo me inmoviliza el brazo, doy un grito y golpeo torpemente en la oscuridad.-¡Soy yo, soy yo!, grita el Ruso mientras me abraza para detener mis golpes. -¡Vení!, me dice ignorando mis puteadas. me arrastra con él hacia un recoveco por el cual avanzamos agachados un buen trecho. El Ruso se detiene y me mira, señala algo pero no lo escucho, estoy aturdido. Entonces me da vuelta la cara y me muestra. -¡Mirá, mirá, allá! Miro y no veo nada, la misma oscuridad, el mismo amasijo atroz de formas indefinidas, húmedas, amenazantes. Sigo mirando y entonces lo veo, hendiendo la oscuridad como un caballero que se interna en filas enemigas, tímido, escueto. Sigo mirando hasta que se forman en mi mente las palabras que definen lo que veo. Es luz, un rayo de luz que se derrama desde alguna parte rompiendo la monotonía de las tinieblas, un delgado hilo de luz que me golpea entre las costillas desatando la carcajada convulsa que rebota furiosa contra las paredes mugrientas antes de huir entre los túneles.
-¡Vamos, vamos! Nos arrastramos hacia el rayo de luz vacilante, casi podemos sentir la libertad acariciándonos el pecho. Llegamos y seguimos su trayectoria con ansiedad. A veinte, quizás treinta metros, en un nuevo angostamiento y giro del caño que venimos transitando vemos una medialuna iluminada que se nos insinúa. ¡Vamos, vamos! nos movemos justo en el momento en que veo el rayo de luz que gira enloquecido resbalando por nuestros cuerpos. Nos movemos y alguien grita -¡Ahí están, quietos, entréguense! Pero no tenemos tiempo para pensarlo, ya estamos disparados hacia adelante, hacia lo que sea que tengamos adelante, tenemos que correr agachados, falta poco, estamos tan cerca. El rugido de las balas vuelve a comenzar, es como una tormenta que se desencadena detrás nuestro, que nos pisa los talones. ¡Estamos tan cerca!. Trastabillo y caigo, al tratar de levantarme siento el dolor, me cuesta respirar. Ahora me arrastro, pero no puedo más, me dejo caer a pocos metros de la salida. En un último esfuerzo levanto la vista y alcanzo a ver los pies del Ruso desapareciendo por el agujero de luz. Sonrío y me desplomo de costado, cierro los ojos sonriendo y veo súbitas flores carmesí explotando en todas partes, escucho voces pero no distingo lo que dicen. Sé que me muero, sé que es el final, pero no siento dolor, sólo algo parecido al alivio, sólo eso y el olor de mi sangre abandonando mi cuerpo y diluyéndose en el agua podrida
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Del Taringa! original
T@TheUndeath5/2/2011+0-0
Muy buena narración...!!!
Es como que sentís que estás dentro de la historia... es muy bueno el grado de detalle, las descripciones... y la imagen de las flores carmesí... me trajeron a la memoria una bonita canción de Nino Bravo...