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Usuario (Uruguay)
Segunda parte de las historias y anécdotas referidas a los mejores ajedrecistas de todos los tiempos y sus épicas luchas El genio del ajedrez que odió el ajedrez El estadounidense Paul Morphy ( 1837-1884) fue un fenómeno único en la historia del ajedrez. Como Capablanca, aprendió a jugar viendo a su padre. A los nueve años era el mejor jugador de Nueva Orleans, y a los doce logró derrotar al maestro húngaro Lowentahl, quien visitaba Estados Unidos. Morphy pertenecía a una familia de clase alta, y pronto su padre empezó a ver con malos ojos la afición de su hijo a ese juego considerado de tahúres. Le prohibió jugar, excepto los fines de semana, y le ordenó que se dedicara al estudio. A los 20 años Morphy se recibe de abogado, pero las leyes de la época establecían que no podía ejercer antes de los 21. Entonces decide dedicar ese año a jugar al ajedrez. No sabía que acababa de tomar la decisión que lo convertiría en leyenda. Morphy jugando a la ciega (modalidad que consiste en hacer las jugadas sin mirar el tablero) Se presenta al primer campeonato de los Estados Unidos con pocas esperanzas, dada su escasa actividad en los últimos años. Sin embargo, arrasa a sus rivales. Alentado por este resultado, decide viajar a Europa a enfrentar a los mejores jugadores del mundo. Arrasa con todos, incluido el campeón del mundo no oficial Anderssen a quien le gana 7 a 2. El inglés Staunton, temeroso de enfrentarlo, evadió jugar contra Morphy, siendo el único jugador de la elite ajedrecística que no resultó machacado por el prodigio americano. Anderssen y Morphy, los dos mejores del mundo frente a frente. Terminada la gira, vuelve a los Estados Unidos, y entonces empieza el drama de Morphy. Nadie acepta jugar contra él. Ofrece jugar dando un peón de ventaja pero ni aún así encuentra rivales. Finalmente, cumple 21 años y está pronto para ejercer como abogado, pero entonces estalla la guerra civil y debe esperar a que termine para ejercer su profesión. Pero cuando llega el momento resulta que nadie lo toma en serio como abogado. Todos lo ven como el campeón de ajedrez, como la leyenda. Morphy empieza a odiar al juego que le dio la fama. Él solo quiere seguir el mandato familiar y ser un abogado exitoso. Algunos años después empieza a mostrar desórdenes mentales. Finalmente muere con sólo 46 años, odiando al juego que lo había inmortalizado. La máquina vence al humano El monstruo que derrotó a Kasparov Prácticamente desde el momento en que la computadora fue creada, algunos vieron que su tecnología podía aplicarse al ajedrez. Durante varias décadas se crearon programas capaces de jugar al ajedrez. Sin embargo, la potencia de estas máquinas era mediocre, y cualquier maestro de ajedrez las derrotaba fácilmente. Fue necesario llegar a la década de los 90 para que la supremacía ajedrecística del humano empezara a estar en riesgo. En 1996 IBM desafió a Garry Kasparov, campeón del mundo vigente, a un match contra su supercomputadora Deep Blue. Kasparov ganó el match 4 a 2. Sin embargo, fue derrotado en la primera partida, siendo la primera vez en la historia que un campeón mundial vigente perdía contra una computadora. link: https://www.youtube.com/watch?v=9ojIGBlg6NQ Al año siguiente se jugó la revancha. IBM no había descansado en ese lapso, aumentando la fuerza de Deep Blue. Era una computadora de procesamiento paralelo masivo basada en el RS/6000 con 30 nodos, cada uno con 30 microprocesadores P2SC de 120 MHz, ampliados con 480 procesadores VLSI de uso especial, especializados en ajedrez. Su programa de ajedrez fue escrito en lenguaje C y corrió bajo el sistema operativo AIX. Era capaz de calcular 200 millones de posiciones por segundo, dos veces más rápido que la versión de 1996. En junio de 1997, Deep Blue era el 259º superordenador más potente, capaz de calcular 11,38 gigaflops,3 aunque toda esta potencia no estaba pensada en realidad para jugar al ajedrez. El match terminó con el triunfo de la máquina por 3 1/2 - 2 1/2. Por primera vez, la máquina se había mostrado más poderosa que el hombre. Kasparov acusó a IBM de haber hecho trampa, recurriendo a operadores humanos que habrían dictado a la máquina determinadas jugadas que requerían de una valoración estratégica imposible para un cerebro electrónico. Hoy en día, cualquiera puede descargar un programa de ajedrez con un nivel más fuerte que cualquier jugador humano, y prácticamente ningún maestro de ajedrez acepta jugar contra una máquina, por la casi certeza de terminar aplastado. El arma secreta para derrotar a un campeón Ya conocemos a Frank Marshall del primer post, por aquella famosa partida en que realizó una jugada tan asombrosa que el público lo premió con una lluvia de monedas de oro. Marshall era un jugador de la vieja escuela, romántico, táctico, de ataques y sacrificios. Sin embargo, como todos sus contemporáneos, tenía un talón de Aquiles llamado José Raúl Capablanca. El cubano entendía el ajedrez mejor y más profundamente que cualquier jugador de su tiempo, y cada vez que Marshall lo enfrentaba terminaba destrozado por Capablanca. Así que se le ocurrió estudiar la forma de derrotarlo. Preparó la variante durante años, esperando la oportunidad de jugarla contra Capablanca. Uno puede imaginarse a Marshall pasando noches desvelado, soñando con el momento en que aplastaría al invencible Capablanca. Finalmente, en 1918, le llega la oportunidad. Capablanca mueve el peón de rey. Marshall contesta con la famosa apertura española. Jugada tras jugada, Capablanca va entrando en la variante preparada por el norteamericano. Finalmente, en la jugada ocho, Marshall hace la jugada que había preparado: entrega un peón. Capablanca lo come, y pronto se ve sometido a un fuerte ataque. Marshall se frota las manos en su fuero íntimo, sus piezas rodean al rey del cubano, amenanzando un jaque mate inminente. Sin embargo, en ese momento, empieza el milagro. Capablanca, sin haber visto jamás esa variante, empieza a hacer las mejores jugadas, resisitiendo el feroz ataque. Poco a poco va colocando sus piezas en las mejores casillas, y lentamente va creando amenazas. Marshall no lo puede creer, Capablanca encuentra sobre el tablero jugadas que él no había visto en su preparación. En su desconcierto, enmarañado en una posición complejísima, se equivoca y termina perdiendo. El cazador había sido cazado. Para valorar mejor la hazaña de Capablanca hay que decir que el Ataque Marshall aún hoy, en la era de las supercomputadoras que analizan cada variante del ajedrez, sigue vigente y se juega en el nivel más alto de la elite. link: https://www.youtube.com/watch?v=1q05KqjKW9c http://2.bp.blogspot.com/-JZtBGy46syc/TdVuutMZ7yI/AAAAAAAAArw/NKcpt3djKpY/s1600/Barras_Separadoras_TuneaTaringa_blogspot++%25282%2529.png Duelo de titanes Dos genios frente a frente: Alekhine y Capablanca La mayor sorpresa en la historia de los campeonatos del mundo se dio en 1927. En Buenos Aires se enfrentaron el cubano José Raúl Capablanca y el ruso Alexander Alekhine. Alekhine era un jugador extraordinaro, un genio de las combinaciones. Su pasión por el ajedrez era tan grande que de niño, en las noches, cuando sus padres creían que dormía, él jugaba ajedrez abajo de la sábana iluminándose con una linterna. Pronto se destacó como un gran jugador. Sin embargo, había nacido en la era de Capablanca. El cubano hacía años que no perdía una partida, y el ruso nunca había podido derrotarlo. En esa época el campeón poco menos que elegía a su retador, y a veces se daba el caso de que evitaba jugar contra un jugador al que consideraba peligroso, imponiéndole el pago de una suma desmesurada para aceptar el reto. Sin embargo Alekhine no suponía un serio peligro para Capablanca, por lo que este aceptó disputar el título contra el ruso. Alekhine se encerró en su casa a entrenar, día y noche, estudiando las partidas de su rival, mejorando sus debilidades, agregándole a su maravillosa capacidad táctica una mejor comprensión posicional. Mientras tanto, Capablanca se dedicaba a las fiestas, las mujeres y los viajes. Cuenta la leyenda que cuando Alekhine partió hacia Buenos Aires sus amigos le dijeron: "Que gane el más débil" Estaba estipulado que el primero en ganar seis partidas sería el campeón. Antes de empezar, mostrando su confianza en sí mismo, Alekhine dijo: "No sé cómo voy a hacer para ganarle seis partidas a Capablanca, pero tampoco sé cómo va a hacer él para ganarme seis partidas a mí". Contra todo pronóstico, Alekhine ganó el match por un convincente 6 a 3. La fábula de la liebre y la tortuga se había hecho realidad. Eso es todo maquinolas, espero que les haya gustado. Link del primer post: http://www.taringa.net/post/apuntes-y-monografias/18057872/Intrusos-en-el-ajedrez.html No te vayas sin comentar.

Jaque mate del Messi de los chips AlphaZero, que aprende solo, marca un hito científico al ganar por 28-0 al mejor programa de ajedrez AlphaZero> + + Es un avance esperanzador, aunque estemos todavía muy lejos de que una máquina razone como un ser humano. Tras aprender a jugar al ajedrez desde cero por sí mismo en sólo 24 horas, el programa AlphaZero ha batido por 28-0 (y 72 partidas en tablas) a Stockfish, otra máquina que simboliza 70 años de investigación de la inteligencia artificial en el ajedrez. AlphaZero sólo calcula 80.000 jugadas por segundo (por 70 millones de su rival), pero afina mucho mejor la búsqueda, lo que abre la esperanza de su aplicación en campos importantes de la ciencia. Alan Turing y Claude Shannon, padres de la informática, eligieron el ajedrez (hacia 1947) como campo de experimentación porque el número de partidas distintas posibles (un uno seguido de 123 ceros) equivale al infinito para los humanos, pero es finito para una computadora. Y ya intuyeron que para lograr su objetivo -ganar al campeón del mundo- no bastaría con el camino A (fuerza bruta tonta), sino que éste debería confluir con el B (más lento pero mucho más inteligente). Tenían razón, porque ninguna computadora puede hoy calcular ese número de posibilidades, superior al de átomos en el universo entero conocido (un uno seguido de ochenta ceros). ¿se viene skynet? Deep Blue ganó medio siglo después a Gari Kaspárov (número uno desde 1985 a 2005) porque IBM logró que el silicio tuviera un algoritmo Alpha-Beta, cuya forma de pensar recordaba vagamente a la de un gran maestro: éste descarta en muy pocos segundos el 90% de las jugadas legales posibles, y se concentra sólo en el cálculo o evaluación de tres o cuatro. Las dudas, muy razonables, sobre hasta qué punto el nerviosismo de Kaspárov le había hecho jugar por debajo de su nivel se despejaron en pocos años: hoy, un teléfono móvil con Stockfish ganaría claramente al campeón del mundo, el noruego Magnus Carlsen. "soy un paquete" Pero AlphaZero, creado por la empresa Deep Mind (de Google), ha subido mucho el listón, gracias al algoritmo Montecarlo, basado en redes neuronales, que se acerca más a cómo piensa un gran maestro. Sus antecesores inmediatos, AlphaGo y AlphaGo Zero, han vencido en el último año a los mejores humanos del mundo en go, un juego aún más complicado que el ajedrez en posibilidades tácticas, aunque menos diverso en estrategia. Tras esos éxitos, el director general de Deep Mind, Demis Hassabis, ex ajedrecista, se planteó el reto de que su programa, ligeramente adaptado pero con el mismo algoritmo básico, fuera capaz de aprender (jugando miles de partidas contra sí mismo) para lograr la excelencia en ajedrez. Los dos grandes expertos consultados por EL PAÍS consideran que este éxito en ajedrez es una consecuencia lógica de los recientes en go, pero subrayan la manera de lograrlo: “Que se haya hecho con un algoritmo algo genérico, no muy especializado, sin bases de datos previas, aprendiendo por sí mismo desde cero, es significativo”, recalca Ricardo Sanz, doctor en Inteligencia Artificial de la Universidad Politécnica de Madrid. Esa diferencia entre un programa que sólo hace bien una cosa y otro más genérico es muy importante para Ramón López de Mántaras, director del Instituto de Investigación Artificial del CSIC y coautor (junto a Pedro Meseguer) del reciente libro Inteligencia Artificial: “Además, me impresiona mucho que sólo calcule 80.000 jugadas por segundo; muchas más que un gran maestro, sí, pero 900 veces menos que Stockfish. Es un avance significativo que tal vez pueda aplicarse pronto al cálculo molecular; por ejemplo, en la fabricación de medicamentos. Pero aún estamos muy lejos de que una máquina razone como un ser humano. Para eso debería tener sentido común”. ¿Pero cómo juega AlphaZero al ajedrez? Veamos algunas posiciones. AlphaZero tiene una mejor posición, sin lugar a dudas, las piezas negras están apelotonadas en el flanco de dama, sin desarrollar y descoordinadas. Pero, ¿cuál es la mejor manera de aprovechar esto? Ag5!!. brutal jugada, imposible de encontrar para un ser humano, o al menos imposible de calcular hasta el final de la variante. Si las negras comen el alfil, Cxg5, la dama negra se tiene que ir a algún lado mientras las blancas abren la columna h para una de sus torres. Stockfish, que recordemos que es más fuerte que cualquier jugador humano, hizo la mejor jugada, f5, y ahora las blancas tiene tres piezas atacadas, pero a AlphaZero no se le movió un pelo. La partida siguió: Dg4, Cc5, Ae7, Cd3 metiendo un dobletes a la dama y la torre, pero AlphaZero sigue jugando inmutable: Cxe1 Txe1 fxe4 y ahora las negras tienen una torre limpia de ventaja pero es evidente que posicionalmente hablando tienen graves problemas por resolver, las blancas son dueñas del tablero. Axe4 Tf5 Ah4 Ac4 g4 Td5 Axd5 Axd5 Te8+ Ag8 Ag3 y la posición negra está destrozada Acá un video explicando con más profundidad las partidas. link: https://www.youtube.com/watch?v=cHx-TBThDj4
El público en general cree que el ajedrez es un juego frío y aburrido, y los ajedrecistas unos nerds poco interesantes. Mi intención para este post fue recopilar algunas anécdotas que desmientan esas creencias. ENEMIGOS ÍNTIMOS 1- Karpov-Korchnoi El match por el campeonato del mundo de 1978 fue mucho más que una lucha ajedrecística. En él no solo se enfrentaron dos genios ajedrecísticos de todos los tiempos: Anatoly Karpov contra Viktor "El terrible" Korchnoi Korchnoi con los lentes "antiparapsicólogo" sino que se convirtió en un show que excedió largamente lo ajedrecístico. Para entender esto es imprescindible decir que ambos jugadores eran soviéticos, pero mientras que Karpov tenía todo el respaldo del gobierno ruso, Korchnoi había desertado un par de años antes, celoso porque las autoridades soviéticas preferían a otros maestros, y se había ido a vivir a Suiza. Los soviéticos lo declararon traidor, así que imaginen el clima cuando el traidor llegó a la final del mundo nada menos que contra el niño mimado del Kremlin. Karpov y Korchnoi no se hablaron ni se saludaron durante todo el match El duelo se desarrolló en la ciudad de Baguío, Filipinas. El equipo de Kárpov incluía al Dr. Zujar (un conocido hipnotizador). La idea era "interceptar mentalmente" a Korchnoi durante el juego. El parapsicólogo se sentaba en una zona de la sala de juego en la que tuviese enfrente a Korchnoi y se quedaba allí, mirándole fijamente. De este modo trataba de alterar la concentración de Korchnoi, que cuando se encontraba cansado tras horas de juego podía sucumbir ante la presión. La mujer de Korchnoi trató de contrarrestar esta poderosa arma de una forma "muy sutil": se sentaba detrás de Zukhav y le pinchaba con un alfiler de vez en cuando; en otra ocasión trató de provocarle poniendo delante de él un libro que estaba prohibido en la URSS. El de Korchnói incluía a un local en libertad bajo fianza por delito de homicidio. Hubo más controversia fuera que dentro del tablero. Rayos X para las sillas, protestas por las banderas utilizadas junto al tablero, quejas respecto del hipnotizador y Korchnói utilizando gafas con espejos. Durante el match ambos jugadores, como si de niños se tratase, se daban patadas por debajo de la mesa. Cuando el equipo de Kárpov le enviaba un yogur durante la partida, el equipo de Korchnói protestaba alegando que podía tratarse de algún código. Finalmente, Karpov ganó el match, y el prestigio soviético quedó a salvo. Korchnoi dijo que si él hubiera ganado el match su vida hubiera corrido peligro, pero eso es algo que nunca se va a saber, me parece. 2- Kramnik-Topalov Otra vez el título mundial en juego. Ahora es el año 2006, y los contendientes el ruso Vladimir Krámnik y el búlgaro Veselin Topalov El tema es que los búlgaros empezaron a notar que Krámnik iba demasiadas veces al baño durante las partidas, lo que les hizo sospechar que quizás alguien le dijera las jugadas de alguna manera (¿un teléfono adentro de la cisterna, atrás de la pileta?). Pidieron que un árbitro acompañara al baño a los jugadores. Krámnik protesta, pierde una partida por no presentarse, amenaza con abandonar la lucha. Finalmente se llega a un acuerdo: cada jugador tendrá derecho a revisar el baño de su contrario antes y después de la partida. Finalmente, Krámnik gana el título. ¡Si, si, señores, yo soy de Tal! El público en ajedrez debe permanecer en silencio, para permitir la concentración de los jugadores. Sin embargo a veces se producen jugadas tan asombrosas sobre el tablero que el apacible público ajedrecístico pierde la compostura y expresa a viva voz su emoción. Eso fue lo que pasó durante la sexta partida del match de 1960 entre el patriarca del ajedrez soviético Mijail Botvinnik y "El mago de Riga" Mijail Tal Botvinnik había creado lo que se llamaría "el ajedrez científico", era un tipo serio como perro en bote, fuertísimo en aperturas y en el juego posicional. Tal era su contracara: desfachatado, simpático, y sobre el tablero un huracán de juego táctico y sacrificios disparatados. Los detractores de Tal decían que sus sacrificios de piezas eran incorrectos, y quizás tuvieran razón, pero eso a él no le importaba, y gracias a su estilo deslumbrante había llegado a la final. El encuentro se jugó en Moscú, y en la sexta partida se llegó a esta posición: Tal jugó Cf4, sacrificando el caballo. Botvinik se puso pálido, parecía que había visto un fantasma. El disciplinado público soviético, conmocionado, empezó a moverse, a hablar, y hasta a gritar. La partida siguió unas jugadas más y tuvo que seguir en otra sala sin público, porque el escándalo entre el público era incontenible. Tal ganó la partida y después el match. Fué recibido en Riga por una multitud, que lo levantó en andas. Cuándo le preguntaron que sentía dijo: "Mi cabeza está llena de sol". Al escuchar las declaraciones de su rival, el amargo de Botvinik movió la cabeza y dijo: "¡A lo que ha llegado el ajedrez, el título del mundo está en manos de un charlatán!" LLUVIA DE MONEDAS DE ORO El protagonista de esta partida es el estadounidense Frank Marshall, jugador de principios del siglo XX, de estilo romántico, en aquellos tiempos en que era casi una obligación tratar de ganar con sacrificios espectaculares, sin darle importancia a la estrategia, la teoría y todos esos rollos del ajedrez moderno. En esta partida Marshall jugaba contra un jugador polaco, justamente en Polonia. Llegamos a la posición del diagrama (Marshall juega con negras y le toca jugar): ¿Qué jugó Marshall? Dg3¡¡¡ El público en principio quedó atónito. Marshall tiene una torre atacada y no contento con eso entrega la dama. Lo cierto es que no importa lo que jueguen las blancas, la partida está ganada para el negro. El rival se rindió al comprobar esto. Los espectadores enfervorizados se pusieron de pie, y además de ovacionar al vencedor empezaron a tirar monedas de oro sobre el tablero (esto se explica porque en esa época el ajedrez era absolutamente amateur, entonces darle plata al creador de semejante obra de arte les habrá parecido justo a los espectadores). EL EXPERIMENTO POLGAR las hermanas Polgar A finales de los sesenta un psicólogo húngaro aficionado al ajedrez llamado László Polgár quiso mostrar al mundo lo sencillo que era “fabricar” un genio en algún ámbito o arte. Obsesionado con el estudio de los genios de la historia y tras estudiar la biografía de cientos de intelectuales creyó encontrar algo que muchos de ellos tenían en común: la especialización a muy temprana edad. Por ello y sin detenerse demasiado a pensar en los problemas éticos y morales de su experimento se casó con una pedagoga que estaba interesada en el mismo tema y tuvieron tres hijas a las que sometieron a estudio para satisfacer sus curiosidades. Desde el primer momento sus hijas no fueron a la escuela y su educación fue encaminada exclusivamente al ajedrez pues para Polgar era “un arte, una ciencia y una competición por la que los resultados del experimento se podrían medir“. Con sólo cuatro años la primera de sus hijas -llamada Susan- creó sus propios problemas de ajedrez, de los cuales algunos se usan actualmente en las escuelas. Una década después, con quince años, era considerada la mejor jugadora de ajedrez del mundo según el sistema de puntuación Élö de la FIDE y durante los 22 años siguientes nunca bajó del tercer puesto. Sofia, la segunda de las hijas del matrimonio Polgár, asombró al mundo del ajedrez con sus resultados en el torneo de Roma ’89. Sus resultados fueron conocidos para los aficionados como “el saco de Roma“, ya que ganó el campeonato obteniendo una puntuación de 8.5/9, es decir, todas las partidas ganadas salvo una en tablas. Hasta el año 2006 fue la mejor puntuación jamás obtenido por una mujer en un torneo y uno de los mejores sin importar el sexo del jugador. Todos estos resultados comenzaron a confirmar las sospechas de László con respecto a su teoría pero no consiguieron saciar su sed: quería una campeona del mundo y quería conseguirlo con su tercera y última hija, Judit. Judit Polgár no sólo resulto una magnífica jugadora de ajedrez sino que actualmente es la mejor jugadora de todos los tiempos conservando su primer puesto mundial desde hace varias décadas. A los quince años consiguió ser el jugador más joven de la época en ser nombrado Gran Maestro Internacional, desbancando al mismísimo y recientemente fallecido Bobby Fischer. Ha jugado y ganado a los mejores, desde Gari Kaspárov hasta el actual número uno mundial Veselin Topalov. (La nota está desactualizada, Judit acaba de retirarse del ajedrez y el número uno del mundo es Magnus Carlsen). Judit siempre ha sido consciente de que forma «parte de la historia», junto a sus hermanas, aunque no siente «ningún peso sobre los hombros». Sin falsas modestias, también cree que su caso «demuestra que el genio no nace, sino que se hace», la tesis principal de sus padres, aunque no se considera un genio. Habla húngaro, inglés, ruso y un poco de español. No sabe cuándo exactamente, pero «muy pronto» se dio cuenta de que no era niña normal (es importante decir que, pese a su educación por fuera de los cánones aceptados, las Polgar son mujeres normales, que han formado sus familias y se integraron a la sociedad sin problemas). BOBBY FISCHER, LA LEYENDA El caso Polgar viene a cuento para hablar de quizás el mejor ajedrecista de todos los tiempos: Robert James Fischer. Aprendió ajedrez a los seis años. A los doce, apasionado sin remedio por el juego, tomó una decisión fundamental en sus vida: dejó la escuela para dedicarse completamente al ajedrez. Dicen que dijo: "Prefiero ser el campeón mundial de ajedrez a un oscuro oficinista". Aunque parezca mentira, la madre de Fischer (era huérfano de padre), que básicamente era manejada por su hijo, le permitió dejar los estudios. Unos padres normales le hubieran metido una zapatería en el traste, pero entonces es muy probable que Fischer no hubiera llegado a lo que llegó en el ajedrez. En ese entonces los soviéticos dominaban el ajedrez, eran los mejores por lejos, contaban con el respaldo del gobierno, por lo que vivían para jugar y estudiar ajedrez. En ese marco, que un jugador occidental, donde el ajedrez era amateur, ganara el título del mundo, era una utopía. Sin embargo la determinación de Fischer tuvo su premio, y en 1972 logró el título, destronando al ruso Boris Spassky (el pobre Spassky, si bien no recibió ningún castigo, fue considerado un paria por sus compatriotas debido a su derrota, y terminó yéndose del país años después). ANÉCDOTAS Y LEYENDAS DEL AJEDREZ Nos encontramos en el Torneo de New York de 1927, allí se dan cita varios de los mejores jugadores del planeta, entre ellos el "Invencible" José Raúl Capablanca. Como era de esperar, Capablanca comenzó de forma brillante y varias rondas antes de finalizar el torneo dejó claro que la victoria final no se le iba a escapar. Charlando con un amigo, éste le hizo un reproche irónico sobre su superioridad, a lo que un molesto Capablanca le contestó que pensaba hacer tablas en todas las partidas que le quedaban por disputar. Capablanca cumplió su palabra e hizo tablas de forma sencilla en las cuatro últimas rondas. En una de esas partidas le tocó enfrentarse con Aaron Nimzowitsch, una vez concluida la apertura Capablanca le envió una nota a su rival a través del árbitro que decía: "le ruego que deje usted de jugar tan mal o no tendré más remedio que ganarle". Durante el torneo Internacional de Londres 1862, se organizó una partida en consulta entre varios de los maestros participantes (esto era habitual en la época, para disfrute del público). Los dos equipos que disputaron la partida fueron, por un lado: Adolf Anderssen, Louis Paulsen y Serafino Dubois. Por el otro: Jakob Löwenthal, Samuel Boden y H. A. Kennedy. Anderssen, siempre modesto a pesar de todos sus logros, comentó a Dubois antes de comenzar la partida: "Tenemos que organizarnos: Paulsen hará las jugadas precisas, usted las brillantes y yo las malas". El GM Efim Bogoljubow era famoso por ser aficionado al humor fácil y torpe. Esta anécdota ocurrió tras la disputa de una partida contra el Doctor Tarrasch, en la que Efim logró vencer al alemán. Se dio la triste circunstancia de que a los pocos días Tarrasch, que ya tenía 72 años, falleció. Bogoljubow, demostrando no tener excesivo tacto, decidió publicar la partida y no se le ocurrió otra cosa que titular el artículo de la siguiente manera: "La partida que mató al Dr. Tarrasch". En el Torneo Interzonal de Saltsjöbaden de 1948 a Najdorf le tocaba enfrentarse con uno de los 3 mosqueteros suecos: Gösta Stoltz. Najdorf sabía de la dependencia del alcohol de su rival y cuando se lo encontró al mediodía en la cafetería del hotel vio la oportunidad de allanar el terreno de su futura partida. Najdorf empezó a invitar a una copa tras otra a Stoltz, hasta que quedó contento con el resultado y decidió irse a comer. El argentino creía que su rival no estaría en condiciones de rendir en la partida que comenzaría esa misma tarde. Para sorpresa de Najdorf, Stoltz ugó de manera muy precisa y le puso en muchos problemas. En la jugada 42 Stoltz le ofreció tablas, cosa que Najdorf aceptó rápidamente. Stoltz le comentó irónicamente a Najdorf: - Le he propuesto tablas, aunque estoy mejor, porque si usted no me hubiese invitado hoy no habría podido jugar. El campeón del Mundo no oficial Howard Staunton era invencible en su época, por eso sorprende mucho su derrota en un match contra su compatriota Elijah Williams... si se investiga un poco se descubre un dato curioso: la derrota se produjo porque Staunton abandonó el match... pero lo sorprendente es que abandonó cuando ganaba por 6-2!!. La explicación al abandono de Staunton está en el reloj de ajedrez, en concreto en su inexistencia. Williams conocía el mal carácter de Staunton y por eso optó por utilizar mucho tiempo para cada movimiento (llegó a las 2h y media en algunas jugadas), esto hacía que cada partida durase varios días. Staunton terminó hartándose y decidió rendirse para no continuar aguantando las artimañas de su rival... a eso se le llama victoria sin honra. El campeón del mundo Alexander Alekhine era conocido por sus ansias de victoria, detestaba perder y esto le llevaba a buscar el triunfo sin importar el camino a seguir. Así lo demostró durante el match de revancha por el Campeonato del Mundo que le enfrentó al holandés Max Euwe. Alekhine sabía que Euwe no toleraba a los gatos, por eso decidió jugar una de las partidas con un gato en el regazo, al que acariciaba de vez en cuando. Alekhine sabía que no existía ninguna norma a este respecto y el Dr. Euwe no pudo realizar ninguna reclamación. Capablanca, el jugador infalible al que nada se le escapaba en un tablero de ajedrez... pero no siempre, como demuestra esta curiosa anécdota. El campeón cubano se desplazó a Karlsbad para medirse a otros 21 jugadores por el triunfo en uno de los torneos más prestigiosos de la época. Eran los tiempos dorados de Capablanca, ya no era campeón del mundo pero seguía siendo un jugador imbatible. Se llegó a la ronda 16 con Capablanca líder del torneo e imbatido. Enfrente tenía al alemán Fritz Sämisch, que no estaba teniendo un buen torneo, por lo que todo hacía indicar que el cubano sumaría un nuevo triunfo... ¿todo?, hubo algo que no entraba en los planes de Capablanca y que trastocó por completo su juego en esta partida. Capablanca se había desplazado a Karlsbad junto a su amante, que se alojaba con él en la misma habitación de hotel. Durante la ronda 16 la mujer de Capablanca apareció por sorpresa en la sala de juego, mientras tanto su amante esperaba el final de la partida en su habitación. Capablanca se puso sumamente nervioso ante esta situación perdiendo la compostura. Era su turno de mover, pero en tal estado de tensión realizó el primer movimiento que se le pasó por la cabeza sin detenerse a razonar. El resultado fue un error garrafal que le costó la partida y el torneo, ya que finalizó segundo a sólo medio punto del vencedor. Alekhine tenía un fuerte carácter, algo que está fuera de duda. Uno de sus rasgos característicos es que digería mal las derrotas, algo que creo que nos ocurre a la mayoría de jugadores y aficionados. Durante el torneo de Carlsbad de 1923, donde acabó en primera posición, perdió su partida con Spielmann (que estaba cuajando un torneo nefasto). Muy enfadado, se retiró a su habitación del hotel, donde desató su furia emprendiéndola a golpes con todos los muebles, como si de una estrella de rock se tratase. Año 1958. Bobby Fischer está a punto de participar en el importante torneo interzonal de Portoroz, pero antes de acudir a Yugoslavia pasa por Moscú. Allí Fischer no visita los monumentos de la ciudad, ni se acerca a la galería Tretiakov, como haría cualquier otro mortal. Directamente se dirige a un club de ajedrez de la Avenida Gogol, irremediablemente atraído por un deporte que necesita como el respirar y que es el motor de su vida. Fischer llegó al club a una hora extraña, con la tarde muy avanzada, y empezó a jugar con todo el que allí se encontraba... y fue derrotando a todo rival que aceptó jugar con él, incluso venció a uno de los maestros de la vieja guardia soviética: Vladimir Alatortsev. El director del club no daba crédito, un estadounidense estaba invadiendo (ajedrecísticamente) el centro de Moscú. Había que salvar el honor de la nación, por lo que cogió un teléfono y llamó a Salomon Flohr: "Levántese, Solomon Mihailovich, la patria le llama"... no se sabe si Flohr pudo detener la invasión estadounidense, pero ese día la URSS se tambaleó ante un vaquero que jugaba al ajedrez siempre en pos de la victoria. Viajemos hasta Karlsbad, preciosa ciudad checa que albergó durante varios años uno de los torneos más fuertes de principios del siglo XX. Nos encontramos en 1907, la flor y nata del ajedrez mundial se ha dado cita en la ciudad antes mencionada y pelean en un largo torneo de 21 rondas (algo típico en aquella época). Akiba Rubisntein se encuentra en el mejor momento de su carrera, siendo serio aspirante a la corona mundial. En Karlsbad confirma esas sensaciones y despliega un juego imparable, llegando a la última ronda con un punto de ventaja sobre su inmediato perseguidor, Geza Maroczy. Unas simples tablas en la última partida, ante Heinrich Wolf, harían que Rubinstein se llevase el primer premio en solitario. Wolf, sabedor de esta circunstancia, le ofreció tablas a las pocas jugadas de haber comenzado la partida, las cuales, sorprendentemente, fueron rechazadas por Rubisntein. Un par de jugadas después Rubisntein omitió una jugada fortísima y sencilla de ver, tanto, que resultaba evidente que la había pasado por alto de forma intencionada. Finalmente la partida finalizó en tablas al repetir movimientos. Rubinstein fue preguntado por la jugada omitida, a lo que respondió: "Con Wolf, yo hago tablas cuando quiero, no cuando quiere él". BONUS PARA FANÁTICOS Documental sobre el duelo Fischer Spassky de 1972 link: https://www.youtube.com/watch?v=2Cb4elk7VsI La mayor rivalidad ajedrecística de la historia, Karpov contra Kasparov link: https://www.youtube.com/watch?v=VS3KjRB2i4Y link: https://www.youtube.com/watch?v=61auBUDMku4 Eso es todo amigos, me voy porque Alexandra Kosteniuk me espera para jugar una partida:
Soy vegetariano. Me la paso comiendo verduras, cereales, frutas y todo tipo de cosas que surgen de la tierra. Detesto la carne, cuando veo un churrasco me dan náuseas, la simple contemplación de una inocente milanesa me hace bajar la presión y me provoca arcadas. Así y todo detesto que me confundan con un hare krishna o con un vegano, esa raza de chetos patéticos que pretenden que matar una vaca es un crimen y que un animal tiene los mismos derechos que un ser humano. Comprendo a aquellos que vivieron los tiempos en que se postulaba la lucha de clases y la revolución, digo que los comprendo cuando miran a los putitos veganos con desprecio; yo pienso lo mismo, son derechistas queriendo hacerse pasar por revolucionarios. Mi aversión a comer carne proviene de un origen muy distinto al ideológico. Tampoco es algo que me inculcaran mis padres, todo lo contrario, durante mi infancia era una cuestión casi religiosa comer carne todos los días. Calculo que por nuestra mesa familiar deben haber pasado varias toneladas de vacas, pollos, corderos, pescados, cerdos, liebres, conejos, perdices y algún otro bicho que prefiero obviar. Yo tenía muy buen comer, hay que decirlo. Siempre repetía, fuera en el almuerzo o en la cena, y mi plato quedaba brilloso, como recién lavado, después de que yo le pasaba un pan para deglutir hasta la última gota de jugo o salsa. Mi madre cocinaba muy bien, como todas las madres en esa época, y mi padre tenía muy buena mano para la parrilla. Sin embargo mi comida favorita eran las empanadas de lo de don Pepe. Don Pepe era un médico jubilado que, aburrido de luchar contra las miserias del cuerpo humano decidió concentrarse en hacer felices los estómagos de la gente y puso una rotisería a una cuadra de casa. Una mañana, que sólo imagino porque no la recuerdo, yendo con mis hermanos rumbo a la escuela notamos que el local de la recientemente desaparecida zapatería, un vetusto y angosto local encajado entre una clínica y una ferretería, estaba abierto. Entré por primera vez con mi madre, un día en que ella no andaba con con ganas de cocinar. Lo primero que llamaba la atención al entrar eran las fotos que cubrían las paredes. Fotos conteniendo paisajes inverosímiles, bizarras construcciones, personajes que aparentaban no haber visto nunca antes una cámara de fotos. Era muy difícil dejar de mirar esas imágenes, dignas de la National Geographic, hasta que tu mirada se cruzaba con las figuras de las empleadas. Dos negras espectaculares, de una edad indefinida entre los quince y los veinte, altas, enormes figuras oscuras como la misma noche, recibían a la gente con las caras desbordantes de sonrisas. Eran las hijas adoptivas de don Pepe, y sus ayudantes en la cocina y la atención a los clientes. Y después lo veías a él, setentón, desmesuradamente blanco en contraste con sus hijas, siempre amable, simpático, con esa facilidad que tienen muy pocas personas para entrar en confianza con cualquiera. Don Pepe ofrecía una amplia variedad de comidas que iban desde las pastas hasta el estofado, variedad de tortas dulces y saladas, la clásica milanesa al pan, generosamente preparada, y la especialidad de la casa, la empanada. Masa crocante , liviana y esponjosa, rellenos exquisitos, aromáticos, tentadores. No es de extrañar que muy pronto me hiciera adicto a ellas. Mis favoritas eran las de carne. La sensación al morderlas era indescriptible, el sabor de una exquisitez como no he vuelto a experimentar en mi vida, de textura suave, la carne prácticamente se disolvía en la boca. Llegó el momento en que cuando me daban plata para la merienda la invertía invariablemente en una empanada. Cuando sonaba el timbre de salida yo corría hasta lo de don Pepe dominado por la ansiedad. Pocas veces me resultaba tan fácil, mi madre desconfiaba de mi criterio para elegir una merienda sana y nutritiva por lo cual solía preparme una vianda en vez de darme la plata(¡la muy miserable!). Eso me dejaba con el problema de cómo solventar mi vicio. A veces esperaba un descuido de mi madre para robarle unas monedas, pero no era algo fácil ni seguro. Finalmente encontré la solución haciéndole los deberes a mis hermanos a cambio de la suma necesaria. Al principio compraba la empanada y me iba, pero con el tiempo entré en confianza y me quedaba charlando con el viejo y sus hijas. A él le gustaba hablar de sus fotos. Había sido médico de la cruz roja, lo que le permitió pasar por los más recónditos lugares del planeta. -Lo mejor de viajar-decía- es conocer gente y costumbres nuevas para uno, aprender que hay personas que viven de una manera muy rara para nosotros, pero que son felices igual. Escuchando los relatos de don Pepe yo sentía que mi espíritu se alimentaba a la par que mi cuerpo, su forma de contar volvían sus relatos tan sabrosos como sus sublimes empanadas. Una mañana, esta sí perfectamente esculpida en mi memoria, al salir de la escuela corrí, como diariamente lo hacía, al encuentro de mi amado manjar, pero una multitud reunida en la vereda me impidió pasar. Dos patrullas esperaban impacientes frente al local. Había unos policías hablando con la gente, las caras tenían algo que no me gustó. Después de unos minutos vimos salir a don Pepe y sus hijas esposados con policías agarrándolos de los brazos. Los metieron en las patrullas y se fueron. Recuerdo el perfil de mi viejo amigo proyectando una tristeza infinita a través del vidrio del asiento trasero de uno de los coches. Fue la última vez que lo vi. Al llegar a casa, desconcertado, sentía que me faltaba algo. Pregunté a mis padres sobre lo que había pasado pero me contestaron con evasivas. -Son cosas de grandes, no lo entenderías. Insistí pero lo único que logré fue hacerles perder la paciencia. Mi respuesta la encontré al otro día en la escuela. Huguito era el canchero de la clase. Un año mayor que el resto al haber repetido tercero, se jactaba de saber las "cosas de los grandes" y miraba a los demás con evidente aire de superioridad. -¿Saben porqué lo llevaron preso a don Pepe?- preguntó, gratificado con la inmediata atención obtenida. -Noo ¿por qué? -Porque hacía las comidas con bebés muertos. -Nooo, mentira; dije, sin poder creer lo que escuchaba. -Es verdad, hacía el relleno de las empanadas con carne de bebés, por eso se lo llevaron. No pude pensar en otra cosa el resto del día. Mis hermanos habían escuchado la misma historia. Al salir de la escuela pasé frente a la rotisería, con la esperanza de que estuviera abierta, de que todo hubiera sido un malentendido, una pesadilla, pero ahí estaba, cerrada y muda, casi hostil. En un quiosco vi la cara de don Pepe en la tapa de los diarios. Recordé que tenía la plata de mi frustrado almuerzo del día anterior. Compré un diario y empezé a leerlo ahí mismo. Todo era cierto. El entrañable don Pepe, habiéndose enterado que en la clínica lindera a su local se practicaban abortos clandestinos, y con el conocimiento adquirido en alguno de sus viajes sobre las formas adecuadas de cocinar la carne humana, vió el llamado de la oportunidad que lo invitaba a bajar sus costos y a darle un "toque secreto" a sus comidas. Llegó a un arreglo con los empleados de la clínica que pasaron a proveerle la materia prima. Cuando cayó la clínica cayó él. Algunas palabras no las entendí, pero el significado último de todo aquello me golpeaba con una fuerza devastadora. Levanté la vista, descubrí el horror y la verguenza en las miradas de la gente que pasaba, en mi mente se producía un desfile de bebés muertos, el sabor de las empanadas me llenaba la boca. Ese fue el día en que me hice vegetariano.
La polémica sobre las mejores películas de la historia es interminable, qué decir sobre las mejore secuencias. Hay grandes películas con varias grandes secuencias, e incluso mediocres películas que han pasado a la historia por algunos minutos sublimes. Me tomo el atrevimiento de publicar algunas de mis preferidas acá, espero críticas y sugerencias, saludos. 1-El acorazado Potemkin, secuencia de las escaleras, un clásico indiscutible. link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=DLEE2UL_N7Q 2-Apocalipsis ahora, el ataque de los helicópteros: esta alucinante película tiene varias secuencias legendarias, pero esta es la más famosa, no sé si la mejor. link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=Gz3Cc7wlfkI 3-2001 odisea del espacio; ¿Existe una película con mejor secuencia inicial? link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=ML1OZCHixR0 4-El padrino 1, el bautismo, una obra de arte del montaje: link: 5-Perros de la calle, secuencia de la oreja: ¡Tarantino on fire! link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=ey7yYwoNJ8I&feature=related 6-Seven, escena final, si aún no la viste salteate esto: link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=0xG5hSOMGn0 7-Fuego contra fuego: las escenas de tiroteo son rutina en Holywood, pero esta me parece insuperable hasta el momento, una explosión de adrenalina link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=gg1JJ2c5uwI&feature=related 8-El juego de las lágrimas, sorpresaaaa!! link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=VMts2JAMQF8 9-Del crepúsculo al amanecer, el baile de Salma Hayek. No sé si merece estar pero no me importa. Inolvidableeeee. link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=RVVGKiYZ0SM Acá se me terminaron las pilas por hoy, pero hay muchas más, saludos a todos y viva el cine. Me resultó divertido esto, así que agrego algunas más. 10- Psicosis, la escena de la ducha, como la de las escaleras de Odessa, tiene que estar siempre. link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=8VP5jEAP3K4 11-Apocalipse now, la muerte de Kurtz, que peliculón por dios. link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=xGTe1vF679U 12-El silencio de los inocentes, la muerte de Buffalo Bill. link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=hxjr2EvWre0 13-Ace Ventura, mamá rinoceronte tiene un bebé. Merece estar pese a la cara insoportable de Carrey. link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=G7LrMoLba0c

La gota de sudor se arqueó temblando, se inclinó un instante indecisa, se asomó, se tambaleó y rodó por la frente, silenciosa como una sombra. La noche se partía de frío, sin embargo estaba empapada en sudor. Los dientes apretados hasta el dolor, los ojos a punto de salirse de las órbitas. Las manos temblorosas, pegajosas, crispadas. La bola rodó enloquecida persiguiendo la suerte o la desgracia. El aire se tensó, el tiempo dejó de respirar. Había vuelto a suceder, sintió el vómito crecer en la garganta. Se apoyó boqueando contra un muro decrépito . En el callejón,un mendigo dormía envuelto en harapos entre la basura. Lo miró y pensó en el infierno. Rojo, negro, par, impar, primer docena, segunda o tercera, la suerte se jugaba en esas coordenadas, el triunfo o el fracaso, la felicidad o la miseria. El borracho, la niña bonita, la desgracia.Alguien reía escandalosamente en alguna parte. Lo había perdido todo. El amor, la esperanza, el confort, el respeto, eran plenos que había acertado, eran fichas que había acumulado a lo largo de su vida y que había vuelto a apostar sabiendo que no tenía nada que ganar. Nada excepto la sensación indescriptible, el ansia inefable que golpeaba con ramalazos violentos cuando se escuchaba el ¡no va más! y la rueda giraba inexorable. La sensación de estar viva, de que eso se parecía más a la vida que todo lo demás, de que arrojarse al abismo del azar con los ojos cerrados tenía algo de incomprensible belleza. Sentada en un banco de plaza de la aterida noche pensó en la próxima vez, en la posibilidad del triunfo, en ese pleno que le daría la oportunidad de cruzar el umbral de lo desconocido, quizás para encontrar su verdadera vida, esa que la estaba esperando en alguna parte. Si te gustó pasate por mi blog: http://otupacragilo.blogspot.com/2010/07/principio-de-incertidumbre.html
Después de obsequiadas las ofrendas al ídolo tenaz de nuestra carne quedamos prisioneros del eclipse de las sábanas recién amotinadas sumidos en el trance que provocan los últimos latidos de la tarde. Entre sombras deslizándose felinas perezosas extendiendo el claroscuro mirabas a lo lejos una mancha o un recuerdo de humo enardecido asediaba con su cerco tu conciencia. Yo, testigo adormilado, te observaba observaba el hemisferio iluminado sorprendente, lunar, como exiliado de la pura simetría de tu cara observaba las heridas que dejaba en el aire la cascada de tu pelo yo te observaba, las casuales cosas que habitaban el cuarto te observaban y hasta el tiempo inexorable se detuvo un momento a contemplarte allí estabas tú estando lejos y en tu breve imagen condensadas las historias de la piel y la palabra los amores que habían sido y que serían los sabores de la sangre y de la lágrima. No sé cuánto duró el encanto si nunca fue o si aún está pasando algo se movió, el hechizo fue quebrado volvimos a nosotros habitantes del tiempo y del espacio volvió a girar la rueda volvió el polvo a convertirse en polvo. Nadie adoró a un dios tan extasiado ni con tanto fervor ensimismado nadie supo de la gloria revelada ni gozó la belleza liberada como yo lo hice aquél instante.
Profecía ¡Que sed de revolución y de poesía! de jaurías, de manos caudalosas de naves incendiadas de puentes destripados He de ser, alguna vez brote de un verso en la tarde luz fraterna y tibia sobre la piel huérfana de un pobre He de escribir viviendo he de vivir en los trazos de mi canto en los ecos de una lágrima en los besos agridulces de un recuerdo. He de ser aliento del cielo jugando en el seno de los campos voz cutánea en la caricia prosa de los pueblos liberados He de llegar más allá del mientras tanto del seco transcurrir de la planicie del esperar que pase algo He de morir, mis labios besarán la fría boca de la muerte no habrá campanas doblando por mi alma la luna rota no dirá mi nombre. Pero antes, antesde las póstumas penumbras de las sábanas clementes del aliento enmohecido Derrotado, vacío de blasfemias resignado al abrazo de la tierra, triste despojo de las sombras arrojado a la diáspora del tiempo Será mi boca postrera quien parirá tu nombre en un susurro dejándolo rodar, aéreo haciéndome a la vida finalmente Rewind De buscar y buscar en el ovillo los hilos primigenios, el origen de las oscuras fuerzas que me rigen de gastarme anhelando el recto trillo. He sabido morir alguna noche ahogado por mi lágrima salobre vacío de perdón, de amores pobre ebrio de soledades en derroche. Sé que no hay vuelta atrás y no me quejo el precio de los días voy pagando es la muda sentencia del espejo. Mi sombra fiel se agota tras mis pasos la miel de la poesía me alimenta y el cielo me sostiene entre sus brazos. A la bella que duerme La noche enmudecida se ha quedado bordada de suspiros y caricias mis labios han surcado tus delicias ya muerde la nostalgia mi costado. Mis besos se durmieron en tu boca los dioses de tu piel se han sosegado a ellos mis deseos he ofrendado descansas, y mi amor ya no te toca. Dormida me recuerdas a un milagro de aves, de veranos, de colores al canto de soñados ruiseñores. Herido de las flechas de tu cuerpo me pierdo en tu paisaje y tus jardines peregrino cautivo en tus confines. Si yo fuera Fernando Pessoa Si yo fuera Fernando Pessoa dirían de mí que soy un genio un genio loco yo sería un genio desbordante de palabras habitante único de un mundo espejo del mundo de los otros que lo abarcaría e iría más allá. Si yo fuera Fernando Pessoa no escribiría ésto a menos que lo fuera en parte un gajo de Pessoa, quizás un pétalo despojado de memoria nostálgico sin saberlo A la ciudad Cuadrícula manchada de tiempo y de ira hogar de semáforos insomnes suma de violentos mecanismos engranajes de amores y odios. Moja tu cintura la boca del río ancho y breve late tu piel áspera como el olvido con los gritos del acero y el aluminio. Nosotros, tus células caóticas entrechocándonos, trazando un dibujo, un poema un teorema azul, desconocido, nimio hiriéndote y amándote lunas de tu marea
Las etapas del proceso creativo El proceso de la escritura tiene dos etapas bien diferenciadas. La primera es la de la escritura misma, torrencial, en que las palabras parecen derramarse sobre el papel o el teclado casi sin control de la voluntad. Uno siente la inspiración brotando por los poros, una electricidad te recorre el cuerpo, te sentís como si fueras Cervantes escribiendo El Quijote. Un error común, sobre todo hoy en día en que publicar un texto no implica más molestias que dar un enter, es el de publicar inmediatamente después de terminar de escribir. Todos hemos pasado por eso, es una tentación casi irresistible. Sin embargo, eso es un grave error. Así como el padre primerizo, llevado por la emoción, no se cansa de exaltar ante el mundo la belleza de su hijo recién nacido, el escritor, borracho de adrenalina, muere de impaciencia por mostrarle al mundo su obra maestra. Esto implica saltearse el segundo paso del proceso creativo, tan importante como el primero: la corrección. Qué es la corrección Antes que nada, un consejo. Al terminar el texto hay que dejarlo, y esperar unos días para empezar a corregir. En la escritura predomina la creatividad y la emoción, mientras que la corrección es esencialmente técnica. Por lo tanto, hay que esperar que baje la adrenalina para iniciarlo, porque si no lo más probable es que no veamos nuestros errores. Corregir implica analizar el texto en todos sus componentes, gramaticales y semánticos. Los correctores ortográficos son una buena ayuda, pero no son totalmente confiables, por lo que siempre hay que tener un diccionario a mano. La finalidad de nuestro texto es conmover, y la única forma en que eso ocurra es que el relato sea verosímil, es decir creíble para el lector, que "compre" nuestra historia. No confundir verosimilitud con realismo, se puede escribir un cuento sobre aliens o gnomos que envuelva al lector y le resulte creíble, aunque obviamente él sabe que los gnomos no existen. Hay que tener mucho cuidado de mantener una unidad lógica en el relato, si matamos al personaje en el primer párrafo no podemos hacer que aparezca después, a menos que le demos al lector una explicación para ello. Crear un personaje es un arte en sí mismo, hay que trabajarlo, pulir su psicologìa, hacer que cobre vida, volverlo humano, creíble, hacer que el lector lo ame o lo odie. Cuando leemos a un personaje como Aquiles, Don Quijote o el capitán Ahab, lo que nos conmueve de ellos es su profunda humanidad, sus contradicciones absolutamente humanas en las cuales nos vemos reflejados. Un capítulo aparte merece el tratamiento de los adjetivos. Cuando empezamos a escribir solemos creer, erróneamente, que mientras más cargado de adjetivos esté nuestro relato, y mientras más rebuscados sean, más intenso será el texto. Eso es otro grave error. "El adjetivo, cuando no da vida, mata." (Vicente Huidobro) La adjetivación en literatura ha de entenderse como el arte de intensificar la expresión, sin dejarse llevar por la tentación de sobreadjetivar un texto que ya de por sí, en la mayoría de los casos, posee ya significado. Veamos algunos ejemplos. honda desesperación, lengua viperina,dulces sueños, gran corazón, odio implacable. Lugares comunes, que en su momento, fueron originales, pero que hoy en día no sorprenden, no aportan originalidad alguna al texto, sino que lo afean. Hay que evitarlos, a menos que exista una razón que vuelva necesaria su utilización. Además, piensen una cosa: palabras como desesperación, pasíón, amor, angustia, odio, tienen por sí mismas una fuerza tremenda, por lo tanto hay que tener mucho cuidado al adjetivarlas porque es muy probable que en lugar de agregarles intensidad se la estemos quitando. Se ha escrito muchísimo sobre el tema. Veamos que nos dice Alejo Carpentier. Y la verdad es que todos los grandes estilos se caracterizan por una suma parquedad en el uso del adjetivo. Y cuando se valen de él, usan los adjetivos más concretos, simples, directos, definidores de calidad, consistencia, estado, materia y ánimo, tan preferidos por quienes redactaron la Biblia, como por quien escribió el Quijote. Último paso de la corrección: el lector calificado Lo ideal, antes de publicar, es poner a prueba nuestro texto con un "lector calificado", que puede ser otro escritor, alguien con estudios de Literatura, o alguien que haya leído mucha literatura de buena calidad, es decir alguien con "buen ojo". Esto es porque, por rigurosa que sea nuestra corrección, es probable que se nos pueda escapar algo. Lo digo por experiencia propia. Me ha pasado de presentar un texto, exhaustivamente corregido, en el taller al que voy, y que me hicieran notar errores que parecían obvios, pero que se me habían vuelto "invisibles". Las Palabras Dales la vuelta, cógelas del rabo (chillen, putas), azótalas, dales azúcar en la boca a las rejegas, ínflalas, globos, pínchalas, sórbeles sangre y tuétanos, sécalas, cápalas, písalas, gallo galante, tuérceles el gaznate, cocinero, desplúmalas, destrípalas, toro, buey, arrástralas, hazlas, poeta, haz que se traguen todas sus palabras. Octavio Paz Este es un tema que da para mucho más pero por hoy lo dejo acá. Como última reflexión, recordemos que lo más importante en un buen cuento o poema no es sobre qué escribimos, sino cómo lo escribimos. No alcanza con tener una idea genial. A mi se me puede ocurrir escribir un cuento sobre un tipo que se despierta convertido en un insecto gigante, pero de ahì a escribir La metamorfosis hay un largo trecho. Pero a no desanimarse, esta etapa tan ardua,en la que uno enfrenta al texto, lo relee, lo analiza, lo pule oración por oración, verso por verso, que a veces parece llevarnos a a callejones sin salida, tiene su reverso en la satisfacción inmensa que porporciona ver el texto pronto, libre de "impurezas".
El origen de la desgracia puede ser múltiple, pero dado un número lo suficientemente grande de casos es posible encontrar ciertos disparadores que se repiten frecuentemente. Uno de ellos es el aburrimiento; otro, la curiosidad. Así empezó la peripecia de Pablo. Una noche, envenenado de insomnio, solo, harto de la televisión, sin nada para leer, prendió su computadora y se sumergió en la web. Llevado por la inercia de la curiosidad terminó en un foro de cuestiones sobrenaturales. La gente contaba sus experiencias con fantasmas, ovnis, telepatía y todas las variantes imaginables de lo inexplicable. Un tema llamó su atención. Su título era El fin, y en él algunos usuarios hablaban sobre una misteriosa página web, que reservaba horrores inimaginables a aquellos que osaran visitarla. Un usuario explicaba que sólo se podía acceder a la página en las medianoches de luna llena, ni un minuto antes ni uno después, pero recomendaba no hacerlo, porque la vida de quien lo hiciera cambiaría para siempre, y no precisamente para bien. Una sonrisa sarcástica se dibujó en la cara de Pablo. Decidió divertirse un rato; se hizo usuario y escribió, aludiendo al creador del tema. “Me gustaría visitar esa página, lástima que no pusiste el link”. A continuación le mojaba la oreja: “¿O será todo un invento tuyo?” En los siguientes minutos recorrió algunos posteos sobre abducciones. Empezó a aburrirse. Cuando estaba a punto de irse una notificación iluminó la pantalla. Un correo. Usuario: Circe. Era el que había escrito sobre la web maldita. Abrió el correo esperando encontrar un insulto, en cambio apareció un link, y las palabras: “Espero que esto conteste tu pregunta. Te repito, no entres, pero sé que no me vas a escuchar. Suerte.” Pinchó el link; la página no existía. Quedó convencido de que todo era un bulo más de los millones que ruedan por la red. Tiempo después, durante otra noche de inquietud y desasosiego, Pablo, al asomarse a su ventana, se encontró cara a cara con la redondez de una luna tan nítida que parecía colgar a pocos metros de su cabeza. La cuestión de la supuesta página maldita afloró en sus pensamientos. Se dijo que no perdía nada echándole un vistazo. A las doce en punto entró. La pantalla del monitor se llenó de negrura. Un instante después, una cuenta regresiva de cuarenta y ocho horas empezó a correr. En ese instante el cielo se iluminó con el estallido de un relámpago, al que siguieron otros, y el bramido ensordecedor de los truenos saturó la noche. Un escalofrío lo atravesó de pies a cabeza, sin que supiera porqué. Antes de acostarse corrió el antivirus, pero su máquina estaba limpia como el alma de un bebé. Se fue a dormir sintiendo una mezcla de alivio e inquietud. Esa noche soñó consigo mismo, en esa misma noche, en su propia cama. Una angustia desconocida le anudaba el pecho. Intentaba levantarse, pero al hacerlo la carne se desprendía de sus huesos, cayendo sobre la sábana. Pablo gritaba, pero el grito no salía de su boca, porque ya no tenía boca, garganta, cuerdas vocales. Despertó sobresaltado, asfixiado por el terror; su corazón golpeaba furioso contra las costillas. Afuera seguía la tormenta.No pudo volver a dormir en el resto de la noche. Se levantó cansado y malhumorado. Como todas las mañanas fue a ponerle agua y comida a Pérez, su perro, pero una cascada de gruñidos y ladridos le impidió acercarse a la cucha. Le habló, con calma al principio, levantando la voz después, sin conseguir calmarlo. Le dejó galletas y agua a unos pasos de distancia y se fue, preocupado. Su perro jamás lo había desconocido. De camino al trabajo tuvo la sensación de que los pasajeros del ómnibus lo miraban. La señora que estaba sentada a su lado parecía no sacarle la vista de encima, hasta que no aguantó más y le sostuvo la mirada, desafiante. Entonces la mujer se levantó del asiento y se bajó. Desde la vereda siguió mirándolo hasta desaparecer en el camino. La mala noche le pasó factura en su trabajo. Trató de combatir el cansancio y la somnoliencia a base de café. En el almuerzo le preguntó a sus compañeros sobre el partido de fútbol que tenían programado para esa noche. -¿Qué partido?- contestó uno de ellos, dejando de morder su sándwich de milanesa. -No te hagas el boludo, el de esta noche.-contestó Pablo, con tono de reproche. Los otros se miraron un segundo antes de carcajear sus risas, con una sincronización perfecta. -¿Qué tomaste? Convidá. -Que vivos que son. -Pero vos estás mal valor. -¿Qué le pasa a éste? Sostuvieron sus risas y sus comentarios. Pablo, malhumorado por la conspiración en su contra, se fue. Pérez seguía igualmente agresivo cuando volvió. Siempre había sido un perro cariñoso, pero de la noche a la mañana se había transformado en un animal arisco. Llamó al veterinario, pero nadie contestó; le llamó la atención que estuviera cerrado tan temprano. Se decidió por googlear para ver si encontraba algo que respondiera por el misterioso comportamiento de Pérez. Prendió la computadora. La pantalla le mostró la imagen de la misma cuenta regresiva de la noche anterior. Intentó reiniciar, pero todo permaneció igual. Comprendió que un virus se había apoderado de la máquina. Se imaginó que al llegar la cuenta a cero desaparecería toda la información de su disco duro. Llamó a un técnico conocido. Por más que le pidió que fuera lo más rápido posible, sólo consiguió el compromiso de estar al otro día. A Pablo le pareció que el técnico quedaba desconcertado cuando le dijo lo que estaba pasando. -Bueno, no te preocupes, yo voy mañana y la miro, alguna solución le vamos a encontrar. Colgó con resignación, con la mirada fija en el monitor. Restaban menos de treinta horas para el cero, exactamente a la medianoche del siguiente día. Rogó para que el técnico encontrara una solución al problema. Se puso a mirar televisión, pero la imagen del monitor titilando mientras el tiempo se terminaba (no sabía para qué pero se terminaba) lo distraía. Resolvió desconectar la computadora. Pidió algo de cenar. Después de una hora de espera volvió a llamar. Le dijeron que no tenían registrado su pedido. Indignado, cortó, después de ponerle los puntos sobre las íes a su interlocutor. Improvisó una cena y se fue a dormir, más inquieto aun que la noche anterior. Su sueño fue tan tortuoso como el anterior. Volvió a soñarse en su cama. Su cuerpo emanaba un intenso olor a carne podrida, asfixiándolo. Abrió la boca intentando llevar aire puro a sus pulmones. Una oleada de gusanos brotó, hormigueante, de su interior. Un grito atroz se elevó en la noche. Se incorporó, tembloroso. En la oscuridad de su cuarto los números del monitor resaltaban como ojos. Comprobó que la computadora estaba desconectada. Una ráfaga de horror le atravesó el cuerpo. Su cara se inundó de transpiración y lágrimas. Pérez empezó a aullar. Salió a ver qué le pasaba Con los ojos fijos en el cielo, aullaba y aullaba. Le gritó para que se callara. Antes de que pudiera reaccionar, el animal lo atacó, hundiéndole los colmillos en el antebrazo. Gritó de dolor y de miedo. Luchó para liberarse, pero sus movimientos no lograban aflojar la mordida, hasta que lo logró con un golpe en el hocico. Corrió hacia la casa, perseguido por el perro. Al cerrar la puerta, los ladridos y gruñidos continuaron afuera. Cayó al piso, sumergiéndose en la oscuridad de la inconsciencia. Abrió los ojos sin saber dónde estaba. Un dolor agudo en el brazo le trajo a la memoria lo ocurrido. Un amasijo de sangre coagulada, carne hinchada y pelos pegoteados daban testimonio del ataque. Fue hasta el baño a curarse y aplicarse un vendaje provisorio, antes de ir al hospital. A continuación llamó al trabajo para comunicar lo que le había pasado y avisar que no iba a ir. -Hola Sandra, soy Pablo. Te aviso que hoy no voy. Me atacó mi perro y voy a que me curen. La respuesta que recibió no fue la que esperaba. -Está equivocado señor. Acá no trabaja ningún Pablo. La sangre se congeló en sus venas. -¡Sandra, soy Pablo, Pablo Sosa! -Acá estamos trabajando señor, disculpe pero no tenemos tiempo para bromas. El teléfono cayó de su mano. Giró la cabeza y se encontró con los números menguantes en el monitor de la computadora. En ese momento su cabeza asoció todo, las advertencias sobre la página maldita, las pesadillas, los sucesos cada vez más extraños que le estaban pasando. Se vistió y salió corriendo a buscar un ciber. Buscó la página de fenómenos paranormales pero no pudo encontrarla. Era como si nunca hubiese existido. Con creciente desesperación siguió buscando, intuyendo ya que no lograría nada. -Estoy loco.- dijo de pronto, casi como susurrando un secreto. -Estoy loco.- repitió, alzando la voz con entusiasmo. Una carcajada creció en su interior hasta hacerse río furioso que se desbordó por su boca. La gente lo miraba, perpleja. -¡Estoy loco! ¡Estoy loco!- repetía, gritaba, sacudido por los espasmos de la risa. Se movió hacia la puerta. El empleado del ciber, con voz trémula, le reclamó el pago de diez pesos. Le dio una moneda y una carcajada más como despedida. Se internó en la calle. El mundo le parecía una mentira. Su euforia se evaporó en un segundo, dejando una sensación de angustia como no había sentido en su vida. Pensó en tirarse frente a un auto. Un pensamiento surgió en su mente como una tabla de salvación. Recorrió las calles, borracho de desesperación. Le parecía que la gente lo miraba con asco. Vio a su madre con la bolsa de las compras, estaba a punto de entrar a su casa. -¡Mamá! Corrió hacia ella. Necesitaba abrazarla. Necesitaba sentir la contención de sus brazos, el cobijo de su pecho, como cuando era un niño. En ese momento era un niño asustado en una noche de tormenta. Se escuchó un grito, después otro. -¡Suélteme, suélteme! ¿Quién es usted? ¡Auxilio! ¡Ayúdenme por favor! La mujer rechazó su avance golpeándolo. Unas manzanas rodaron sobre las baldosas. -¡Mamá!- repitió, incrédulo. Sus manos crispadas seguían buscando el cuerpo esquivo de la mujer. Un tackle de un transeúnte lo derribó. No se defendió, sólo siguió llorando y gritando. -¡Mamá, soy yo! ¡Soy yo! La mujer, en un ataque de nervios, no paraba de gritar. Otro transeúnte se había sumado al primero, golpeando a Pablo en el piso. -¡Llamen a la policía, está loco! ¡Yo no tengo hijo! Los atacantes se calmaron, sin dejar de sujetarlo. Uno de ellos le gritó en la cara. -¡Quedate quieto hijo de puta, quedate quieto porque seguís cobrando! Pero Pablo permanecía inmóvil, no debido a las manos de sus captores, sino por la imagen del desconocimiento reflejada en los ojos de su madre. Su dolor fue tan grande que quedó como atontado, como si su sistema nervioso hubiera colapsado, incapaz de soportar el peso de tanta angustia. Llegó un patrullero. Dos policías bajaron, preguntando por lo sucedido. Los captores se miraron, desconcertados. Ninguno de ellos supo explicar lo que había pasado. La mujer tampoco. Parecía que hubieran quedado congelados. Pablo se levantó y se acercó a su madre. -Mamá, mamá, por favor... - dijo, con hilo de voz. Acercó su mano al rostro amado para tocarlo. No pudo. Tocó el aire. Ya no había cara. Ya no había nadie. Sus párpados bajaron y subieron. El perfil rectangular de su computadora apareció frente a su cara. Seis ceros titilantes quebraban la oscuridad de la habitación. Volvió a parpadear. Los números habían desaparecido. Se levantó, caminando hasta la puerta del fondo. Salío al encuentro de la medianoche. Pérez lo recibió moviendo la cola, incrustándole sus enormes patas en el pecho y lamiendo su cara. Le dio unas palmadas, comprobó que tuviera agua y comida, y volvió a su habitación. Se sentó frente a la computadora. La encendió. ¿Desea reanudar la última sesión? Sí. Se abrió una página dedicada a sucesos paranormales. Un post llamó su atención. Su título era El fin.