Durante la dictadura militar, un grupo de científicos revolucionarios estaban investigando la posibilidad de revivir a estos gigantes de la era prehistórica. Por lo cual, clonaron el ADN de un tiranosurio rex, el de un triceratop, y los fusionaron para obtener la bestia perfecta para usarla como un arma de guerra.
Pero algo salió mal, ya que les salió un Peronchosaurus Zurdis, el cual, se alió con los montoneros para seguir con la revolución socialista del Ché Guevara.
Su poder de destrucción era imparable, que terminó por reducir el ejército militar en cenizas, pero pronto lo que no sabían los montoneros, era que su mascota era carnívora, y que una noche se comería a uno de ellos.
Y así fue, la madrugada del 11 de mayo de 1973, la bestia atacó a uno de los soldados, que trataron de resistir con mucho aguante, pero no pudieron, pero no terminó allí. A lo lejos del campamento militar de Villa Crespo se escuchaba otro rugido igual de potente que la bestia; era un dinosaurio uruguayo, que tras escaparse de un excavación arqueológica, decidió atacar al Peronchosaurio.
La batalla fue tan épica, que hasta los militares del gobierno se sentaron a ver, mientras comían pochoclos con ricota.
Finalmente, la abominación científica cayó ante la semejante ferocidad del dino uruguayo, que se coronó campeón del ring, mientras se llevaba una medalla de oro y 100 litros de Manos gratis para que se refrescara un poco.
Y así fue que durante dos días seguidos siguieron festejando, hasta que el pedo los venció.
