GIFEl miedo es una emoción tan necesaria que nos ha ayudado a sobrevivir a las adversidades con las que nos hemos encontrado a lo largo de la historia, tanto la personal como la que se enmarca en el recorrido temporal de nuestra especie. Es imprescindible, un aliado, un amigo. Es la alarma que nos ayuda a identificar lo que puede ser peligroso para nuestra supervivencia.
Pero este supuesto amigo también puede dejar de ser todas estas cosas, para pasar a ser un enemigo. La realidad es que él nunca lo ha pretendido, siempre ha querido ayudarnos. Somos nosotros mismos los que lo convertimos en un rival, en un adversario al que hay que aniquilar para poder vivir en paz.
Sí lo soportas, pero te dices a ti mismo que no lo soportas y ahí está el problema. El miedo pretende ser amigo tuyo y avisarte de que puede atropellarte un coche, morderte un perro o ser atracado. Para darte esos avisos necesita poner en marcha, como hemos dicho, sus mecanismos, los únicos que conoce.
Esos mecanismos son interpretados por ti como terribles, insoportables, horrorosos…y de esta forma vuelves a llamarlo para que venga a salvarte. Esta vez, el peligro son los propios síntomas que quieren salvarte.
Existe la forma de cortar ese círculo vicioso del miedo, aunque para ello tendrás que aceptar que vas a pasar un poco de miedo. Sí, ¡otra contradicción! Para librarte de tu propio miedo has de aceptarlo e integrarlo como parte de ti.
Recuerda que el miedo no quiere hacerte daño si no protegerte. No quieras que se marche de tu ser, de tu vida. Invítalo a quedarse, aunque de vez en cuando moleste, en el fondo es un gran compañero de vida.
Una vez te contestes a ti mismo con franqueza todas estas preguntas, te darás cuenta de que tus interpretaciones son las responsables de que el miedo se ponga a trabajar a una intensidad más alta de lo necesario o que permanezca en el tiempo cuando ya hemos comprobado que no está justificado.
Pero este supuesto amigo también puede dejar de ser todas estas cosas, para pasar a ser un enemigo. La realidad es que él nunca lo ha pretendido, siempre ha querido ayudarnos. Somos nosotros mismos los que lo convertimos en un rival, en un adversario al que hay que aniquilar para poder vivir en paz.
Sí lo soportas, pero te dices a ti mismo que no lo soportas y ahí está el problema. El miedo pretende ser amigo tuyo y avisarte de que puede atropellarte un coche, morderte un perro o ser atracado. Para darte esos avisos necesita poner en marcha, como hemos dicho, sus mecanismos, los únicos que conoce.
Esos mecanismos son interpretados por ti como terribles, insoportables, horrorosos…y de esta forma vuelves a llamarlo para que venga a salvarte. Esta vez, el peligro son los propios síntomas que quieren salvarte.
Existe la forma de cortar ese círculo vicioso del miedo, aunque para ello tendrás que aceptar que vas a pasar un poco de miedo. Sí, ¡otra contradicción! Para librarte de tu propio miedo has de aceptarlo e integrarlo como parte de ti.
Recuerda que el miedo no quiere hacerte daño si no protegerte. No quieras que se marche de tu ser, de tu vida. Invítalo a quedarse, aunque de vez en cuando moleste, en el fondo es un gran compañero de vida.
Una vez te contestes a ti mismo con franqueza todas estas preguntas, te darás cuenta de que tus interpretaciones son las responsables de que el miedo se ponga a trabajar a una intensidad más alta de lo necesario o que permanezca en el tiempo cuando ya hemos comprobado que no está justificado.