La expresión “la vieja es peor que el tuerto” es mucho más que un grosero error del presidente José Mujica ante un micrófono abierto.
La frase cierra un capítulo que en los hechos ya estaba agotado: el intento de Mujica por recomponer y encaminar las relaciones con los Kirchner.
Mujica lo intentó, de eso no hay dudas. Incluso tuvo algunos logros mientras Néstor Kirchner vivía. Pero tal como él lo graficó -de excelente manera- la presidenta Cristina Fernández es más terca y peor que su marido. Menos política.
Y Mujica no pudo con ella, nunca.
Desde diciembre de 2011 cuando tuvieron una dura discusión, en una cumbre del Mercosur en Montevideo, Mujica y Fernández ya no tuvieron un diálogo fluido y el presidente uruguayo supo que lo mejor que podía hacer era mantener la relación sin deteriorarla.
La empatía entre ambos duró algo más de un año. En el comienzo de la gestión, en 2010, todo era optimismo. En mayo de ese año el canciller Luis Almagro dijo que se estaba ante un “concepto de nueva vecindad” con Argentina. Y destacó que “se destrabaron fondos del Focem y se logró un acuerdo por el dragado del canal Martín García”, entre otros 18 temas de agenda que se encaminaban. Unos meses después vino el levantamiento del corte del puente de Fray Bentos, un logro importante.
Pero todo se pinchó en poco tiempo. Las negociaciones se empezaron a trancar o derivaron en caprichos inservibles como el Tren de los Pueblos Libres que unió Argentina con Uruguay por un breve trecho y un breve lapso.
Y la oposición empezó a cobrar cuentas. Las tres veces que Almagro fue interpelado fue por la relación con Argentina. Esto puso al gobierno en la difícil tarea de defender una negociación que no podía encaminar.
Aquella discusión de Mujica y Fernández a fines de 2011no fue casual, llegó después de varias medidas proteccionistas argentinas que complicaron y mucho los negocios de Uruguay. Y fue la antesala de medidas aún más duras que impactaron en las exportaciones al vecino país: una baja del 14,7% de 2012 respecto a 2011.
Es cierto que con Brasil también se complicaron los acuerdos comerciales. Pero hay una gran diferencia Mujica tiene línea directa con Dilma Rousseff y sus asesores. Así lo hizo notar el viernes 5 en un encuentro en Montevideo con el ex presidente brasileño Inacio Lula da Silva. En referencia al asesor en política internacional de Rousseff, Marco Aurelio García, dijo que cuando él está del otro lado del teléfono, los problemas se arreglan. “Tengo que decir con claridad que los problemas de exportación que hemos tenido con Brasil siempre los arreglamos con la intervención del gobierno central de Brasil. (…) Si no hubiera esa voluntad política, estamos trancados”, afirmó.
Esa es la diferencia “fundamental”, según Mujica en el relacionamiento con Brasil. Dijo que hay que “cultivar” la “responsabilidad y la confianza política”. Con Argentina lo intentó, pero no pudo.
Ahora, en 2013, parecen lejanos aquellos pedidos de Mujica a los uruguayos para que cuidemos la relación con Argentina. O su prédica repetida hasta el hartazgo de “negociar, negociar, negociar”.
El presidente sabe que es la única opción, que no hay otra que negociar. Pasa que ahora se complicó más, se le escapó a él lo que todos sabemos, que con la señora presidenta le es imposible mantener una línea abierta, una comunicación fluida. Varios funcionarios de gobierno, jerarcas, han confiado a No Toquen nada que es imposible negociar con la administración Kirchner. Incluso en algunas áreas como energía, donde la relación era fluida en medio del conflicto por Botnia, la situación se deterioró. Y la idea general es que los argentinos son prepotentes. Con el secretario de Interior, Guillermo Moreno, a la cabeza, patotean en lugar de negociar. Y Uruguay, chico y necesitado, no tiene más remedio que aguantar.
El ejemplo paradigmático del aguante se dio con el intercambio de notas entre las cancillerías por el dragado del canal Martín García.
El último comunicado se tituló “¿Quién protege a Riovía?” y decía: “A menos de 24 horas de la apertura de ofertas para las obras de mantenimiento del Canal Martín García Argentina no ha logrado la colaboración de la República Oriental del Uruguay para dilucidar responsabilidades en los supuestos actos impropios denunciados por su Tribunal de Cuentas basado en documentación secreta que la Argentina no ha logrado acceder”.
Argentina acusó a Uruguay de cubrir una posible corrupción, un contragolpe infantil pero eficaz; la agresión desacomodó tanto que Uruguay se llamó a silencio. Para Almagro el título de la misiva era periodístico y no diplomático y dijo que no iban a responder un comunicado en ese tono.
Uruguay optó por no seguirla. Y optó por el silencio, un silencio de tragar saliva.
Pero el tiempo pasa, las cosas empeoran y aguantar el orgullo nos siempre es tan sencillo. Desde hace más o menos un año que Mujica ya insinúa su hartazgo. En 2012, ante las medidas de Argentina que perjudicaban la llegada de turistas por el impedimento a sacar dólares, dijo que los argentinos siempre se las arreglan para sacarlos del país. Y en alguna declaración fue más allá: señaló que en Argentina toquetean los números de la inflación. Se lo notaba molesto.
Y un día -cansado de tanto tragar saliva- se equivocó feo y escupió ante un micrófono abierto.
La frase fue la más contundente de sus expresiones con respecto a Argentina; en solo siete palabras marcó el fracaso en su intento y dejo claro que no habrá “nueva vecindad”.
Por: Joel Rosenberg