El "atrévete a pensar" marxista y la lucha contra el dogmatismo
La verdad, la investigación y la realidad
La verdad, aquel desconocido que orienta nuestras búsquedas, es considerado muchas veces como algo que puede acapararse, como algo absoluto y cognoscible, incluso, como algo que pertenece a un grupo que, en su deber redentor, ha de ilustrar al resto. La verdad, que posee un carácter estrictamente histórico y sobre todo social, es algo que se construye, que se descubre y que, posteriormente, se transforma, es algo en constante movimiento que no puede poseerse y que, por ende, todo intento de control total sobre la misma es un intento de engaño (y también de auto-engaño) destinado a fracasar, pues, como es considerado dentro de la filosofía, la verdad es un concepto abstracto y en continua construcción, un concepto social que, por su mismo carácter, no puede ser personal bajo ninguna circunstancia.
Durante años la verdad se ha desarrollado en conjunto con progreso del hombre a lo largo de la historia, pero esta historia, con sus reveces y contradicciones, doto a la verdad de un carácter redentor, de un carácter heterogéneo, de clase, lo cuál fue aprovechado durante años para propagar la mentira, así haya sido por la religión o por la fuerza, por los principios o por las leyes, pero por su carácter móvil, así hayan sido breves destellos, la misma siempre salía a la luz, el desarrollo de las civilizaciones la dotaba de un carácter más vivo, más nítido y difícil de ocultar.
Las revelaciones de la verdad, que aparecen a los ojos del investigador que se atreve a ir más allá de lo cotidiano (o que sencillamente hace de lo cotidiano algo complejo), han sido siempre revolucionarias, han sido siempre motores de cambio, de acción y búsqueda por el más sencillo de los motivos: la verdad es algo que se construye, es la parte del conocimiento humano que comprende la realidad.
La búsqueda de la verdad (o investigación), al permitir el conocimiento de distintos aspectos de la realidad que nos rodea, nos permite, en nuestra misma búsqueda, alterarla, darle nuevas formas, revestirla y transformarla. La búsqueda de la verdad es, más allá de un objetivo del actuar, una forma revolucionaria de los individuos para cambiar (mientras comprenden) su realidad y generar conocimiento, saber y cultura, es un objetivo de vida que no es nada sin la curiosidad ni el espíritu tanto investigador como observador.
Si el hombre no fuese curioso, la investigación no existiría y la verdad, o en un contexto más cotidiano, la realidad, no sería comprendida ni en el más mínimo de los aspectos, pero, como la realidad es distinta y el uso de la razón nos lleva a indagar sobre aquello que nos rodea, a experimentar y descubrir, la construcción de la verdad es inevitable, de la misma manera, la verdad, revestida con un carácter histórico y en permanente evolución, no resulta ser, pues, un poder o una cualidad individual, por el contrario, se viste como una construcción social, como un invento de la razón que progresa de forma paralela a la misma y que no puede ser destruido, a lo mucho, ocultado o revestido (mentira). Para que esto ultimo suceda, el uso de la razón ha de consagrarse como un lujo, como algo exclusivo de los pudientes, lo que si bien no priva a la verdad de su carácter revolucionario, histórico y social, si priva a una parte de la sociedad del conocimiento y su poder, hasta el punto en que la misma, o genera su propia verdad, o se aliena y acepta la verdad de los pudientes como su verdad.
El marxismo y su contribución a la construcción de la verdad
El pensamiento marxista, fuertemente influido por la filosofía alemana y las corrientes del humanismo francés (expresadas en el socialismo utópico), se desarrollo como una filosofía de la sospecha, como una forma de pensamiento escéptica y subversiva que se salia de todo estándar de la época, una filosofía que, sin caer en la exageración, marco un antes y un después en la historia del pensamiento.
El principal aporte del marxismo al pensamiento fue la propuesta de vincular la teoría y la práctica en el análisis del proceso cognitivo, una propuesta que hoy puede sonar básica e incluso obvia, pero que en su época fue un claro sello distintivo de este con respecto al positivismo y al empirismo que predominaban en el ámbito de las ciencias y, sobre todo, con respecto al idealismo que consideraba la práctica como algo subyugado a la voluntad, a la historia del espíritu, al ser, etc.
El pensamiento marxista, retomando las ideas del materialismo, antepuso la realidad a la conciencia y declaro que la misma era perfectamente cogniscible, pero, incorporando la dialéctica hegeliana, declaro que este conocimiento sobre la misma era una cualidad social en construcción que no podía completarse al encontrarse la realidad (la materia) en un movimiento continuo.
El marxismo, con su innegable toque subversivo, retomo dos verdades en su seno, la obrera y la burguesa, contrasto la teoría y la práctica y desarrollo un pensamiento de duda ante todo conocimiento, negando la existencia de una única verdad, de una única realidad. haciendo, obviamente, un llamado a la crítica y la autocrítica dentro de la investigación, así como un llamado a la sospecha y la curiosidad, al espíritu indagador, superando así el postivismo y el determinismo.
Los marxistas dirigieron un fuerte proceso crítico contra la filosofía idealista, contra las ideas estáticas y acríticas, contra la concepción burguesa de la sociedad. Crearon una filosofía radical que tenía como objetivo la construcción de la verdad, la superación de la lógica alienada y la resignación ante una realidad estática que no existe. Básicamente, hicieron un llamado al pensamiento, un "atrévete a pensar".
El dogmatismo y la deformación del marxismo
El pensamiento marxista, creado por Marx y Engels y posteriormente continuado por Lenin, Luxemburgo, Gramsci, Trotski, etc. conservo su estilo crítico y autocrítico a la vez, los marxistas eran, de hecho, perfectamente capaces de reconocer sus errores, sus reveces y sus fracasos, como bien lo hizo el mismo Marx tras la fallida revolución francesa de 1848 donde el mismo veía la posibilidad de una revolución proletaria y que cambio totalmente su planteamiento casi utópico del que hacia gala en el "Manifiesto del Partido Comunista" o Lenin tras la derrota del despotismo obrero de la guerra civil donde cedió ante la propiedad capitalista con la Nueva Política Económica viendo esto como un "paso atrás necesario para dar dos hacía adelante".
Sin embargo, entre la agitación vivida en la URSS durante la disgregación del estado soviético y la paulatina burocratización del estado, el marxismo comenzó a deteriorarse, empezó a perder ese sentido crítico que le caracterizaba para convertirse en una filosofía hostil hacía toda idea contraria, en una corriente determinista que, en vez de pensar críticamente en base a la historia y el presente, recurría, pues, al historicismo, a la predicción, planteándose el absurdo de que el socialismo era inevitable y, con ello, toda lucha contra el socialismo (o llanamente, lo que este nuevo marxismo consideraba socialismo) era contrarrevolucionario.
Esta nueva corriente marxista, que encontró sus mayores exponentes en el estalinismo y el maoismo, era, naturalmente, la expresión de una nueva forma de organización, de un nuevo poder, era, en pocas palabras, una nueva verdad que surgió de la superación de la verdad feudal rusa y el debilitamiento de la verdad proletaria en medio del alboroto producido por la revolución de 1917 y la guerra civil, lo cuál otorgo al estado el monopolio integro del poder, con lo que también consagro su verdad como la única.
Esta nueva verdad de las élites burocráticas del socialismo soviético se convirtió en la continuación y cierre del carácter científico y constructivo del marxismo, en la decaída del pensamiento original que fue reemplazado por un dogmatismo que se impuso como verdad de partido y que fue impuesto por los burócratas, al estilo de los señores feudales y reyes, como autentica verdad.
El internacionalismo que era aclamado por el socialismo se convirtió en un fuerte nacionalismo rencoroso, en una idea agradable al oído que pensaba construir el socialismo en un solo país recayendo en el vanguardismo, en la idea de que la socialización no puede llevarse por la sociedad pues la misma corre el riesgo de ser absorbida por la reacción y el imperialismo, por lo cuál ha de ser llevada a cabo por el estado, un organismo de sujetos preparados y doctos que conocen la verdad y, por ello, son capaces de ejercer la voluntad del pueblo. La idea de la participación y la relación dialéctica entre las fuerzas de la sociedad y las clases se convirtió en la paranoica idea de que la historia iba en un rumbo directo al socialismo y, por ende, todas las masas se unirían por obra y gracia de la lucha de clases al movimiento socialista, siendo reaccionarios y socios del imperialismo todos aquellos que negaran esta verdad y se opusieran a la voluntad de partido que, bajo el mecanicismo marxista, era la voluntad del pueblo.
Lo anterior sirvió como respaldo ideológico a las purgas y masacres perpetradas por las burocracias de los estados socialistas influenciados por este "socialismo científico" pues justificaba toda atrocidad en el determinismo de la historia, en la lucha contra la reacción y el capitalismo. Algo tan popular y bien estructurado que hoy es creído y divulgado entre la izquierda como correcto, como un ejemplo a seguir, algo que casi todo socialista (incluido yo) ha llegado a creer.
Conclusión
El conocimiento, entendido como el dominio de los hombres sobre conceptos en relación a su realidad, es una cuestión social, algo que se desarrolla en la práctica y cuya formación influye en la construcción continua de la verdad entre la sociedad, un proceso de construcción donde se conjuntan saberes, conocimientos y posturas que emanan de condiciones sociales e históricas especificas.
La verdad, un concepto abstracto cuya significación no existe más que como una construcción humana de su misma comprensión, es la construcción social más distintiva de la raza humana, aquella que surge y evoluciona junto con nosotros y que, como tal, merece crecer y enriquecerse con la participación de todos los individuos en plena libertad de razonar, libertad que no puede existir más que como facultad general y compartida por todos los hombres, de modo que se evite la centralización de la verdad en un punto único de vista, de modo que la imposición de una verdad sea imposible, es decir, de modo que no exista alienación alguna.
El pensamiento marxista, que desarrollo a fondo la cuestión de la lucha por el comunismo y la liberación de los individuos ante las relaciones de producción por medio de la emancipación (y abolición) del trabajo, fue, en su época de apogeo, una filosofía defensora del desarrollo de una verdad colectiva, una filosofía pionera en la fusión entre la praxis y la teoría como forma de construir la verdad por encima de lo "social y políticamente correcto". Una teoría subversiva que se negaba a la existencia de verdades únicas, de pensamientos absolutos y correctos, haciendo negación a todo determinismo. Lamentablemente, cayo victima de la historia, perdió su sentido crítico y se convirtió en un dogma que respaldo toda una serie de atrocidades históricas que aún son defendidas por ese determinismo de corte antimarxista aceptado y divulgado por demasiadas personas.
Como marxistas, hemos de retomar la crítica y la autocrítica en la investigación, hemos de retomar nuevamente la unión entre práctica y teoría, abrir los ojos y comprender la realidad que tenemos delante como algo que no puede ser descrito por nuestra verdad, y mucho menos por la verdad de un partido o un grupo de burócratas. Nacimos con el movimiento obrero, le debemos la existencia, no debemos traicionarlo por la ignorancia.
Atrévete a pensar y revoluciona tu propia realidad
La verdad, la investigación y la realidad
La verdad, aquel desconocido que orienta nuestras búsquedas, es considerado muchas veces como algo que puede acapararse, como algo absoluto y cognoscible, incluso, como algo que pertenece a un grupo que, en su deber redentor, ha de ilustrar al resto. La verdad, que posee un carácter estrictamente histórico y sobre todo social, es algo que se construye, que se descubre y que, posteriormente, se transforma, es algo en constante movimiento que no puede poseerse y que, por ende, todo intento de control total sobre la misma es un intento de engaño (y también de auto-engaño) destinado a fracasar, pues, como es considerado dentro de la filosofía, la verdad es un concepto abstracto y en continua construcción, un concepto social que, por su mismo carácter, no puede ser personal bajo ninguna circunstancia.
Durante años la verdad se ha desarrollado en conjunto con progreso del hombre a lo largo de la historia, pero esta historia, con sus reveces y contradicciones, doto a la verdad de un carácter redentor, de un carácter heterogéneo, de clase, lo cuál fue aprovechado durante años para propagar la mentira, así haya sido por la religión o por la fuerza, por los principios o por las leyes, pero por su carácter móvil, así hayan sido breves destellos, la misma siempre salía a la luz, el desarrollo de las civilizaciones la dotaba de un carácter más vivo, más nítido y difícil de ocultar.
Las revelaciones de la verdad, que aparecen a los ojos del investigador que se atreve a ir más allá de lo cotidiano (o que sencillamente hace de lo cotidiano algo complejo), han sido siempre revolucionarias, han sido siempre motores de cambio, de acción y búsqueda por el más sencillo de los motivos: la verdad es algo que se construye, es la parte del conocimiento humano que comprende la realidad.
La búsqueda de la verdad (o investigación), al permitir el conocimiento de distintos aspectos de la realidad que nos rodea, nos permite, en nuestra misma búsqueda, alterarla, darle nuevas formas, revestirla y transformarla. La búsqueda de la verdad es, más allá de un objetivo del actuar, una forma revolucionaria de los individuos para cambiar (mientras comprenden) su realidad y generar conocimiento, saber y cultura, es un objetivo de vida que no es nada sin la curiosidad ni el espíritu tanto investigador como observador.
Si el hombre no fuese curioso, la investigación no existiría y la verdad, o en un contexto más cotidiano, la realidad, no sería comprendida ni en el más mínimo de los aspectos, pero, como la realidad es distinta y el uso de la razón nos lleva a indagar sobre aquello que nos rodea, a experimentar y descubrir, la construcción de la verdad es inevitable, de la misma manera, la verdad, revestida con un carácter histórico y en permanente evolución, no resulta ser, pues, un poder o una cualidad individual, por el contrario, se viste como una construcción social, como un invento de la razón que progresa de forma paralela a la misma y que no puede ser destruido, a lo mucho, ocultado o revestido (mentira). Para que esto ultimo suceda, el uso de la razón ha de consagrarse como un lujo, como algo exclusivo de los pudientes, lo que si bien no priva a la verdad de su carácter revolucionario, histórico y social, si priva a una parte de la sociedad del conocimiento y su poder, hasta el punto en que la misma, o genera su propia verdad, o se aliena y acepta la verdad de los pudientes como su verdad.
El marxismo y su contribución a la construcción de la verdad
El pensamiento marxista, fuertemente influido por la filosofía alemana y las corrientes del humanismo francés (expresadas en el socialismo utópico), se desarrollo como una filosofía de la sospecha, como una forma de pensamiento escéptica y subversiva que se salia de todo estándar de la época, una filosofía que, sin caer en la exageración, marco un antes y un después en la historia del pensamiento.
El principal aporte del marxismo al pensamiento fue la propuesta de vincular la teoría y la práctica en el análisis del proceso cognitivo, una propuesta que hoy puede sonar básica e incluso obvia, pero que en su época fue un claro sello distintivo de este con respecto al positivismo y al empirismo que predominaban en el ámbito de las ciencias y, sobre todo, con respecto al idealismo que consideraba la práctica como algo subyugado a la voluntad, a la historia del espíritu, al ser, etc.
El pensamiento marxista, retomando las ideas del materialismo, antepuso la realidad a la conciencia y declaro que la misma era perfectamente cogniscible, pero, incorporando la dialéctica hegeliana, declaro que este conocimiento sobre la misma era una cualidad social en construcción que no podía completarse al encontrarse la realidad (la materia) en un movimiento continuo.
El marxismo, con su innegable toque subversivo, retomo dos verdades en su seno, la obrera y la burguesa, contrasto la teoría y la práctica y desarrollo un pensamiento de duda ante todo conocimiento, negando la existencia de una única verdad, de una única realidad. haciendo, obviamente, un llamado a la crítica y la autocrítica dentro de la investigación, así como un llamado a la sospecha y la curiosidad, al espíritu indagador, superando así el postivismo y el determinismo.
Los marxistas dirigieron un fuerte proceso crítico contra la filosofía idealista, contra las ideas estáticas y acríticas, contra la concepción burguesa de la sociedad. Crearon una filosofía radical que tenía como objetivo la construcción de la verdad, la superación de la lógica alienada y la resignación ante una realidad estática que no existe. Básicamente, hicieron un llamado al pensamiento, un "atrévete a pensar".
El dogmatismo y la deformación del marxismo
El pensamiento marxista, creado por Marx y Engels y posteriormente continuado por Lenin, Luxemburgo, Gramsci, Trotski, etc. conservo su estilo crítico y autocrítico a la vez, los marxistas eran, de hecho, perfectamente capaces de reconocer sus errores, sus reveces y sus fracasos, como bien lo hizo el mismo Marx tras la fallida revolución francesa de 1848 donde el mismo veía la posibilidad de una revolución proletaria y que cambio totalmente su planteamiento casi utópico del que hacia gala en el "Manifiesto del Partido Comunista" o Lenin tras la derrota del despotismo obrero de la guerra civil donde cedió ante la propiedad capitalista con la Nueva Política Económica viendo esto como un "paso atrás necesario para dar dos hacía adelante".
Sin embargo, entre la agitación vivida en la URSS durante la disgregación del estado soviético y la paulatina burocratización del estado, el marxismo comenzó a deteriorarse, empezó a perder ese sentido crítico que le caracterizaba para convertirse en una filosofía hostil hacía toda idea contraria, en una corriente determinista que, en vez de pensar críticamente en base a la historia y el presente, recurría, pues, al historicismo, a la predicción, planteándose el absurdo de que el socialismo era inevitable y, con ello, toda lucha contra el socialismo (o llanamente, lo que este nuevo marxismo consideraba socialismo) era contrarrevolucionario.
Esta nueva corriente marxista, que encontró sus mayores exponentes en el estalinismo y el maoismo, era, naturalmente, la expresión de una nueva forma de organización, de un nuevo poder, era, en pocas palabras, una nueva verdad que surgió de la superación de la verdad feudal rusa y el debilitamiento de la verdad proletaria en medio del alboroto producido por la revolución de 1917 y la guerra civil, lo cuál otorgo al estado el monopolio integro del poder, con lo que también consagro su verdad como la única.
Esta nueva verdad de las élites burocráticas del socialismo soviético se convirtió en la continuación y cierre del carácter científico y constructivo del marxismo, en la decaída del pensamiento original que fue reemplazado por un dogmatismo que se impuso como verdad de partido y que fue impuesto por los burócratas, al estilo de los señores feudales y reyes, como autentica verdad.
El internacionalismo que era aclamado por el socialismo se convirtió en un fuerte nacionalismo rencoroso, en una idea agradable al oído que pensaba construir el socialismo en un solo país recayendo en el vanguardismo, en la idea de que la socialización no puede llevarse por la sociedad pues la misma corre el riesgo de ser absorbida por la reacción y el imperialismo, por lo cuál ha de ser llevada a cabo por el estado, un organismo de sujetos preparados y doctos que conocen la verdad y, por ello, son capaces de ejercer la voluntad del pueblo. La idea de la participación y la relación dialéctica entre las fuerzas de la sociedad y las clases se convirtió en la paranoica idea de que la historia iba en un rumbo directo al socialismo y, por ende, todas las masas se unirían por obra y gracia de la lucha de clases al movimiento socialista, siendo reaccionarios y socios del imperialismo todos aquellos que negaran esta verdad y se opusieran a la voluntad de partido que, bajo el mecanicismo marxista, era la voluntad del pueblo.
Lo anterior sirvió como respaldo ideológico a las purgas y masacres perpetradas por las burocracias de los estados socialistas influenciados por este "socialismo científico" pues justificaba toda atrocidad en el determinismo de la historia, en la lucha contra la reacción y el capitalismo. Algo tan popular y bien estructurado que hoy es creído y divulgado entre la izquierda como correcto, como un ejemplo a seguir, algo que casi todo socialista (incluido yo) ha llegado a creer.
Conclusión
El conocimiento, entendido como el dominio de los hombres sobre conceptos en relación a su realidad, es una cuestión social, algo que se desarrolla en la práctica y cuya formación influye en la construcción continua de la verdad entre la sociedad, un proceso de construcción donde se conjuntan saberes, conocimientos y posturas que emanan de condiciones sociales e históricas especificas.
La verdad, un concepto abstracto cuya significación no existe más que como una construcción humana de su misma comprensión, es la construcción social más distintiva de la raza humana, aquella que surge y evoluciona junto con nosotros y que, como tal, merece crecer y enriquecerse con la participación de todos los individuos en plena libertad de razonar, libertad que no puede existir más que como facultad general y compartida por todos los hombres, de modo que se evite la centralización de la verdad en un punto único de vista, de modo que la imposición de una verdad sea imposible, es decir, de modo que no exista alienación alguna.
El pensamiento marxista, que desarrollo a fondo la cuestión de la lucha por el comunismo y la liberación de los individuos ante las relaciones de producción por medio de la emancipación (y abolición) del trabajo, fue, en su época de apogeo, una filosofía defensora del desarrollo de una verdad colectiva, una filosofía pionera en la fusión entre la praxis y la teoría como forma de construir la verdad por encima de lo "social y políticamente correcto". Una teoría subversiva que se negaba a la existencia de verdades únicas, de pensamientos absolutos y correctos, haciendo negación a todo determinismo. Lamentablemente, cayo victima de la historia, perdió su sentido crítico y se convirtió en un dogma que respaldo toda una serie de atrocidades históricas que aún son defendidas por ese determinismo de corte antimarxista aceptado y divulgado por demasiadas personas.
Como marxistas, hemos de retomar la crítica y la autocrítica en la investigación, hemos de retomar nuevamente la unión entre práctica y teoría, abrir los ojos y comprender la realidad que tenemos delante como algo que no puede ser descrito por nuestra verdad, y mucho menos por la verdad de un partido o un grupo de burócratas. Nacimos con el movimiento obrero, le debemos la existencia, no debemos traicionarlo por la ignorancia.
Atrévete a pensar y revoluciona tu propia realidad