“Era mi mejor amiga y nos saludábamos con un beso en la boca”
Se presenta así: “Mi nombre es Roma, tengo 21 años y sí, soy bisexual”. Sigue: “Considero que todo ser humano lo es. El tema es que mucha gente se encasilla. ¿Por qué? Porque vivimos en un mundo de estereotipos, discriminación, desigualdad”.
Roma cuenta en un mail a Boquitas pintadas que no bien vio el primer post sobre bisexualidad se detuvo: “Mis ojos se detuvieron en esa palabra. Faltaba mi nombre al lado”.
Entonces decidió contar su experiencia de vida segura de que hay miles de personas como ella.
“Soy bisexual”
Por Roma
A comienzos de mi adolescencia mi vida se trataba de chicos, sólo hombres. Estamos hablando de mi vida a partir de los… digamos 12 años. (Yo a esa edad me consideraba y tenía una mentalidad de alguien un poco mayor, como de 15). Salía con uno, conocía a otro, todo se trataba de jugar y sentir esas mariposas (con sólo besos, para el sexo tardé un poco más). En ese momento mi mejor amiga era Juli (nombre que marcó algo en mi vida).
A los 14 empecé a sentir cosas por Juli. No sabía ni qué cosas, ni cómo, ni si era a veces o siempre. Cosas que no entendía, ¿por qué? Porque era mi mejor amiga y de repente a esa edad nos saludábamos con un beso en la boca. No sé si para provocar a los chicos o para divertirnos. Además, algo más íntimo: nos duchábamos desnudas comparando cosas del cuerpo, teniendo la confianza de tocar, de dejar que la mano de cada una recorra libre. La cuestión es que al no entender lo que me pasaba no le prestaba la atención que quizá le di tiempo después.
Unos años más tarde volvíamos del campo en una 4×4, en la parte de atrás descubierta. Hacía frío y decidimos cubrirnos con una manta y maternos debajo. Fueron cinco horas interminables (no quería que terminen tampoco) y eternas. Infinitas. Comenzamos por acariciarnos las manos; esto nos llevó a tocarnos el cuello, el busto, a rozar con las yemas de los dedos nuestras bocas, a bajar al pecho, rápidamente bajar por el pecho y volver lento a la panza para caer en el ombligo. Cinco horas así. Quedé totalmente pelotuda.
No se habló del tema, como si nada hubiera ocurrido. Y no, estábamos en otro mundo, no era una camioneta, era el paraíso, era la paz.
Geraldine y Luisa en Perú, retratadas por Ignacio Lehmann
Me distancié de ella, no por eso sino porque (creo yo ahora, cinco años después) me estaba enamorando y presentía que me iba a lastimar si lo decía, incluso, si me lo decía a mí misma.
Esta atracción hacia una mujer no me volvió a pasar hasta los 19. A todo esto, a los 16 me puse de novia con un varón (digámosle Benjamín). Cinco años hermosos me dio. Hasta los 21 mi vida fue con él. Cada pensamiento y sentimiento. Hace no mucho cortamos y fue porque yo tenía cosas en mi cabeza que no podía controlar, no en una relación. Las hablé con él: Siento cosas por chicas, por mujeres, le dije. Al principio me dijo que no pasaba nada, que podía “experimentar” tranquila, que no lo consideraba como un engaño.
Conocí a una chica: la secretaria de mi psicólogo. No salimos mucho tiempo, ni tampoco pasó nada. Fue una especie de “experiencia”, como decía mi ex o “experimento”, diría yo. Pero fue suficiente para entender que al sentir cosas fuertes por mujeres, sentía que sí lo engañaba. Que no era una excepción simplemente porque era otro sexo, uno distinto al de él. Como decía en el artículo de Boquitas: “Me gusta la persona, no los genitales”. Entonces, corté con él.
Al poco tiempo conocí a otra mujer, unos 14 años más grande que yo. Me revolucionó los sentidos. Como cuando te cortas y eso provoca dolor. A veces sirve para decirse a uno mismo: estoy viva. Fue así. Mis poros se abrieron y mi piel respiró aire puro, limpio, trasparente. Estaba sintiendo algo que quise toda mi vida y nunca supe cómo o por qué. Salimos tres meses, poco tiempo, pero ese es otro tema. Ya es un miedo mío al compromiso que no me deja ser.
¿A qué voy con esto que cuento? A que hay que escucharse, sentirse. No sólamente quererse: el amor, a veces, no alcanza. Y no se aplica sólo en las relaciones con otros. Uno mismo vive en constante relación con uno mismo. Si uno vive tratando de eliminar sentimientos o inclinaciones por lo que piensen o vean los demás, va a terminar siendo una persona amargada e infeliz. No está bueno. La vida se trata de vivir. No de esconderse, de negarse. El que no lo entiende, mal por él.
Tengo amigos que vienen con dudas y me dicen que no se imaginan estando con otros hombres, pero que quizá sí se excitan mirando o les tienta su boca…etc. Uno no puede imaginarlo bien hasta no vivirlo. Yo tampoco me imaginaba en la cama con alguien con mi mismo cuerpo o mis mismos genitales. No era rechazo, pero simplemente me costaba imaginarlo. La imaginación va más allá de la realidad y, a veces, con la realidad cambiamos esa imaginación.
Yo cambié. No me imaginaba con una mujer, acariciando su cuerpo, disfrutándolo. El hombre me gusta, sí. Pero hay una profundidad única en la mujer que no encuentro en el hombre. Ultimamente los encuentro hasta estúpidos, atractivos como para una noche y ya.
Si el día de mañana conozco a un hombre que me revolucione como mi ex no lo pienso dos veces. No elijo en función del sexo. Me gustan los dos.
Comentarios que se limiten a insultar o a descalificar al autor de la nota o al medio serán eliminados
cuando lo corto 


