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El hombre olvidado que casi cambia la historia

Info10/4/2013





Klaus Von Stauffenberg, el hombre que casi cambia la historia



El 20 de Julio de 1944, el coronel nazi Klaus Von Stauffenberg, que había perdido el ojo izquierdo (disimulandolo con un parche), la mano derecha y los dedos meñique y anular de la mano izquierda el año anterior en el frente de África, y su ayudante, el teniente Von Haeften, aterrizan en el aeródromo de Rastenburg procedentes de Berlín en un avión Junkers Ju 52 poco después de las diez horas. Antes de abandonar el aparato, Stauffenberg da órdenes al piloto para que mantenga el avión preparado para despegar en cualquier momento.







Los dos oficiales acuden al cuartel general de la Wolfchanze, (la guarida del lobo), situado en el este de Prusia Oriental (hoy día Polonia), convocados por el propio Hitler, para asistir a una reunión con oficiales del Estado Mayor nazi.


El cuartel general se componía de tres recintos, protegidos cada uno de ellos por minas, reductos de hormigón y alambradas electrificadas. Patrullas de la SS hacían rondas durante todo el día. Para poder entrar en la “guarida del lobo” era necesario presentar un salvoconducto especial válido para una sola visita, independientemente de la graduación que se ostentara.




(Von Stauffenberg, el primero por la izquierda junto Hitler y otros oficiales en la Wolfchanze) "la guarida del lobo"


Von Stauffenberg porta un maletín, con un explosivo especial inglés de un kilogramo que se activa mediante un detonador químico absolutamente silencioso. Von Haeften lleva otra bomba idéntica.


A los dos hombres se le informa que la reunión se ha adelantado 30 minutos, ya que sobre la una y media, Hitler debía recibir a Mussolini. Antes de entrar en la sala de la reunión, von Stauffenberg, con la excusa de cambiarse la camisa, se retira a una habitación cercana para activar lo más rápidamente posible las dos bombas.


Con mucha dificultad debido a la única mano que posee a causa de las heridas producidas en el frente, además la izquierda y con solo tres dedos, rompe la cápsula de vidrio del detonador químico de su bomba con un alicate especial diseñado para sus tres dedos y activa el primer explosivo en su maletín.


Un suboficial entra en la habitación donde supuestamente sólo se estaba cambiando de camisa, apremiándole a entrar en la reunión cuanto antes, y no puede activar la segunda bomba. Von Haeften lleva la segunda bomba no activada en su maletín a un búnker antiaéreo cercano.


El dispositivo químico haría detonar la primera bomba en el maletín de von Stauffenberg en aproximadamente diez minutos.


Von Stauffenberg llega con algo de retraso a la reunión, se excusa con un gesto y se sitúa tan cerca del Fuhrer como le es posible, supuestamente esperando su turno para exponer la situación en el Frente Oriental.


Mientras Hitler ocupa la parte central de la mesa mirando hacia el exterior, Von Stauffenberg se sitúa a su derecha, apenas a metro y medio de él.
En la sala de la reunión se congregan veintitrés personas, además de Hitler y von Stauffenberg. El ambiente es muy caluroso, por lo que se ordena abrir las ventanas. La reunión comienza.


Von Stauffenberg coloca discretamente el maletín que porta debajo de la mesa, a pocos pies del lugar donde se encuentra Hitler, y se retira alegando que tiene una llamada telefónica urgente de Berlin. Después de abandonar la sala, uno de los oficiales choca accidentalmente con el maletín y lo coloca en una de las patas de la mesa, al lugar más alejado de Hitler.



Dos minutos y medio después, concretamente a las 12.14 horas, la bomba hace explosión.






(Estado en el que queda la sala después de la explosión)



Von Stauffenberg y von Haeften presencian de lejos la detonación y creen, sin posibilidad de comprobar los resultados, que nadie ha sobrevivido al atentado.


Parten apresuradamente hacía el aeródromo salvando con frialdad todos los puestos de control, y se deshacen de la segunda bomba a través de la ventanilla del automóvil.


El conspirador General Fellgiebel, desde la Wolfsschanze comunica la palabra "Walkiria" a Berlín, como señal de que el atentado ha tenido éxito, para que otros implicados en Berlín tomasen las decisiones acordadas para asumir el control del Estado.


Hitler salva la vida al recibir la explosión indirectamente, protegido por la gruesa pata y la sólida tabla de la robusta mesa de encina, sufriendo sólo magulladuras ligeras en un brazo y en la parte izquierda de su rostro.


A pesar de que la explosión es violenta, sólo deja cuatro muertos y otras personas malheridas. Debido a que las ventanas de la habitación estaban abiertas, la fuerza de la explosión se dispersó.





(Hitler junto a Mussolini observando la sala destrozada por la bomba)



En la medianoche de ese mismo día, Von Stauffenberg es fusilado junto a otros conspiradores. Cuando estaban a punto de dispararle, el teniente von Haeften se lanza delante de von Stauffenberg, recibiendo las balas destinadas a su superior.


Las últimas palabras gritadas por von Stauffenberg segundos antes de morir fueron: “Es lebe das heilige Deustchland!”(Larga vida a la Sagrada Alemania).





(Patio interior de la Bendlerblock donde fusilaron a Klaus Von Stauffenberg)



Al finalizar la Segunda Guerra Mundial y en consonancia con la propaganda nazi, la acción de Klaus Von Stauffenberg fue considerada un acto de traición por la mayoría de la población alemana. Sin embargo, con el paso de los años y con el atentado ya ubicado en su contexto Histórico, se le ha dado categoría de héroe en la lucha por la liberación del criminal régimen nazi. En la actualidad se ha dado su nombre a la "Bendlerstrasse" de Berlín. Antes, en 1964 se había emitido un sello postal en su memoria.




Según el historiador Annedore Leber "Constituyó el prototipo de aquellos jóvenes oficiales de alto rango que, aunque tuviesen aseguradas sus propias carreras militares, sintieron sin embargo la necesidad de pasar a la acción. Actuaron desde el sentido de responsabilidad de todo oficial para con sus tropas, el sentido de responsabilidad de todo ciudadano para con su pueblo. Incluso los oficiales de la Gestapo que participaron en la investigación de los hechos del 20 de julio sintieron ese espíritu, puesto que hablaban de Stauffenberg con añoranza...".








Si la bomba hubiera matado a Hitler...



Si Adolf Hitler hubiera muerto aquel 20 de julio en su cuartel de la Wolfschanze (Bastión del Lobo) quizá -sólo quizá- dos millones de soldados alemanes, rusos, polacos, rumanos, italianos y españoles irregulares habrían salvado su vida. Cientos de miles de judíos en campos de exterminio estarían quizá, quizá, con nosotros aún, contando sus vivencias como un ejército de repetidores de la historia del dolor y del amor que Imre Kretesz, premio Nobel de Literatura, nos cuenta en sus libros. Dresde no habría sido bombardeada, quizá, y 40.000 habitantes de esa joya de Sajonia junto al Elba habrían sobrevivido con sus tesoros artísticos y su inabarcable armonía y emoción arquitectónica y paisajística.


La bella ciudad hanseática de Kiel conservaría hoy toda su magnífica riqueza artística, y muchas otras ciudades, véase Colonia o Konisgsberg, o pueblos remotos y otrora idílicos en Prusia Oriental o Brandeburgo, en Turingia o Magdeburgo, no habrían desaparecido bajo el odio, la limpieza étnica, el espíritu de revancha y el mero ejercicio de la monstruosidad de que es capaz el ser humano.


Dortmund, ciudad industrial y militar, ya llevaba años siendo castigada por los bombardeos, pero no habría sido borrada prácticamente del mapa si aquel 20 de julio allí, en el extremo noreste de la Alemania imperial, la bomba hubiera funcionado mejor. Viena no tendría hoy esos parches de casas de los años cincuenta, construidas sobre solares desescombrados, que violan la excelencia de esa ciudad tan protagonista como sagrada en este drama del siglo XX.


Y miles de chiquillos alemanes no habrían sido ahorcados en los postes de telégrafos y en las farolas por negarse a combatir hasta el final en un gran drama épico escenificado por Joseph Goebbels, ministro de propaganda de Hitler, que preparaba a todos los alemanes para el gran ocaso que él y su mujer escenificaron poco después envenenándose ellos y a sus tres hijos. Morían telefonistas porque se les escapaba un leider cuando supieron del fracaso del atentado.




Documental sobre el tema














Sin lugar a dudas ese complejo y decisivo día de 1944 podría haber sido el fin de una era y el comienzo de otra historia.
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0@007bernal1/14/2014+0-0
Ya no subiste más post de estos!+10
E@Elias_daniel_12/30/2013+0-0
la traición hubiera estado sí el no hubiera intentado nada, fue fiel a sus creencias y al país que tanto amaba.
4@4805s12/29/2013+1-0
la definicion no cambia aunque el mismisimo Dios este en juego.
B@BerzerkerSS12/19/2013+0-1
Traidor....
a@alientina10/15/2013+1-0
Fue la primera vez en la historia que el Imperio Británico estuvo de rodillas, eso es lo que más rescato de la II Guerra Mundial. En Durkenke, los alemanes no tendrían que haber sido piadosos con ellos, esa es mi opinión
N@Norman45410/4/2013+4-0
Pero como se puede considerar traidor si nunca estuvo del otro lado del bando?
J@Juno10/4/2013+2-1
Una aclaración, Von Stauffenberg no era un puto nazi, era un militar de carrera, era oficial de la Wehrmacht.Un héroe como lo ha reconocido Alemania.
a@alboloko_8810/4/2013+2-0
Y, no es tan olvidado, le hicieron una peli, "Operacion Walkiria" con Tom Cruise
A@Anonafg10/4/2013+5-7
Hitler era un nazi hijo de puta y no hay nada que pueda cambiarlo, de que traición estás hablando capo? no existe la traición cuando hay tantas vidas en juego.
C@Carbonero_Vtuccioman10/4/2013+5-2
@tuccioman Amigo solo dije que fue un traidor, lastima que no lo mato.Muerto o no, no deja de ser una traicion!
t@tuccioman10/4/2013+4-5
¿Traidor de Hitler o de la humanidad? ¿Sabes cuantas vidas se pudo salvar si Hitler moria?
C@Carbonero_V10/4/2013+5-5
Uno de los grandes traidores de la historia, que hubiese querido matar a Hitler no lo salva de ser un traidor!
m@matiaspeluka10/4/2013+4-3
con casi no alcanza

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