Hoy les traigo una serie de fotos que hice en un viaje de fin de semana a la Provincia de Córdoba.
Verán fotos de la Ciudad de Córdoba, los pueblos de Villa General Belgrano, Alta Gracia, y el camino hacia dichos lugares.
Antes de empezar, un poco de información sobre la provincia:
Córdoba es una de las 23 provincias que componen la República Argentina. Situada en la Región Centro, limita al norte con la provincia de Catamarca y Santiago del Estero, al este con Santa Fe, al sureste con Buenos Aires, al sur con La Pampa, y al oeste con San Luis y La Rioja. Su capital es la ciudad homónima.
Con 165 321 km² de extensión, es la quinta provincia más extensa del país, ocupando el 5,94 % de su superficie total. Según el censo nacional 2010 su población es de 3 308 876 habitantes, con lo cual es la 2ª provincia más poblada de la República Argentina. Casi el 40,18 % de la población está aglomerada en la capital provincial, con 1.329.604 de habitantes, convirtiéndola en la segunda aglomeración urbana del país después del Gran Buenos Aires.
Tomadas en marzo del 2014.
Canon EOS Digital Rebel XS + Iphone 5s
EF-S 18-55mm f/3.5-5.6 y EF-S 55-250mm f/4.0-5.6
Procesadas con Photoshop CS6 y Adobe Lightroom 5.
Cópense con el play para ambientar.
Habían dado las doce y cuarenta y dos de la tarde.
Deambulaba por la ciudad de Córdoba, hambriento como siempre, con ganas de devorar algo para hacer cesar ese rugido que hace el estómago cuando uno tiene hambre.
Caminaba por el centro de la ciudad, allí donde las palomas revolotean en busca de algo para picotear.
Los perros descansaban tranquilamente al sol, los vendedores ambulantes trataban de ganarse el pan, una mujer pintaba lienzos inspirándose en lo que observaba y los jóvenes se besuqueaban en un rincón, todo era cotidiano.
De pronto... algo captó mi atención.
Mientras caminaba con mi teleobjetivo, sin nada particularmente que hacer, mas que hacer fotos y relajarme, me percaté de una presencia extraña, un tanto angelical y malévola, si se quiere.
Al parecer, no era el único.
Dos personas la observaban con notable indiferencia, manteniendo su distancia, como si le tuvieran miedo.
La presencia, simulando estar adormecida, llevaba los pies descalzos y un pequeño canastito de mimbre entre sus manos.
De repente lanzó una mirada aterradora.
Los dos sujetos anteriormente mencionados se echaron bruscamente hacia atrás, se encontraban notablemente atemorizados.
¿Que escondía aquella criatura indescifrable?
De pronto, con determinación, una mujer se le acercó y tiró un par de monedas en el cesto forrado con papel naranja que se encontraba a los pies de la criatura.
Dicha acción provocó un cambio substancial en el peculiar personaje que los transeúntes y yo teníamos ante nuestros ojos.
Disimuladamente la señorita alada sacó un papelito de su canasto de mimbre, lo escondió bien en la palma de su mano y se lo entregó con la punta de los dedos de su mano derecha a la valiente joven que con su bondad provocó la escena relatada.
Toda sensación de maldad, de pronto se apaciguó.
La lectura del papelito, cuyo contenido desconozco, provocó la sonrisa de la extraña benévola, llevándola a ser, al menos por unos segundos, realmente feliz.
Las acciones buenas, por más pequeñas que sean,
hacen de este mundo un lugar mejor.
Si tan solo hubieran más personas como estas dos señoritas....
Siempre me gusta mostrar el lado bueno de las personas.
Creo que todos deben tener la oportunidad de mostrar su bondad, su parte "inocente", y no ser juzgados rápidamente de mala gente.
La alegría interior que le agarra a uno al saber que está haciendo una buena acción para con los demás, y saber que con su accionar hace de este mundo un lugar mejor, eso es algo que no tiene comparación.