ÍNDICE:
Introducción
CAPÍTULO 1: La ley de la potencialidad pura
CAPÍTULO 2: La ley del dar.
CAPÍTULO 3: La ley del “Karma” o de causa y efecto.
CAPÍTULO 4: La ley del menor esfuerzo.
CAPÍTULO 5: La ley de la intención y el deseo.
CAPÍTULO 6: La ley del desapego.
CAPÍTULO 7: La ley del “Drama” o propósito de vida.
- Brihadaranyaka Upanishad IV.4.5.
INTRODUCCIÓN
Aunque el título de este libro es “Las siete le¬yes espirituales del éxito”, bien podría ser “Las siete leyes espirituales de la vida”, porque son los mis¬mos principios que la naturaleza emplea para crear todo lo que existe en forma material - todo lo que podemos ver, oír, oler, degustar o tocar.
En Creating Affluence: Wealth Consciousness in the Field of All Possibilities, describí los pasos para llegar a la conciencia de la riqueza sobre la base de una verdadera comprensión de la manera como funciona la naturaleza. Las siete leyes espirituales del éxito constituyen la esencia de esa enseñanza. Cuando este conocimiento se incorpore en nues¬tra conciencia, tendremos la capacidad de crear una abundancia ilimitada sin esfuerzo alguno, y de experimentar el éxito en todo lo que nos pro¬pongamos.
El éxito en la vida podría definirse como el crecimiento continuo de la felicidad y la realiza¬ción progresiva de unas metas dignas. El éxito es la capacidad de convertir en realidad los deseos fácilmente. No obstante, el éxito, incluyendo la creación de la riqueza, siempre se ha percibido como un proceso que requiere mucho esfuerzo, y que muchas veces se logra a expensas de los de¬más. Necesitamos acercarnos de una manera más espiritual al éxito y a la riqueza, que no es otra cosa que el flujo abundante de todas las cosas buenas hacia nosotros. Conociendo y practicando las leyes espirituales, entraremos en armonía con la natura¬leza para crear con espontaneidad, alegría y amor.
El éxito tiene muchos aspectos, y la riqueza material es solamente uno de sus componentes. Además, el éxito es una travesía, no un destino en sí. Sucede que la abundancia material, en to¬das sus manifestaciones, es una de las cosas que nos permite disfrutar más la travesía. Pero el éxi¬to también se compone de salud, energía, entu¬siasmo por la vida, realización en las relaciones con los demás, libertad creativa, estabilidad emo¬cional y psicológica, sensación de bienestar y paz. Pero ni siquiera experimentando todas estas cosas podremos realizarnos, a menos que cultive¬mos la semilla de la divinidad que llevamos aden¬tro. En realidad, somos la divinidad disfrazada, y el espíritu divino que vive dentro de nosotros en un estado embrionario busca materializarse ple¬namente. Por tanto, el éxito verdadero consiste en experimentar lo milagroso. Es el despliegue de la divinidad dentro de nosotros. Es percibir la divinidad en cualquier lugar a donde vayamos, en cualquier cosa que veamos: en los ojos de un niño, en la belleza de una flor, en el vuelo de un pájaro. Cuando comencemos a vivir la vida como la expresión milagrosa de la divinidad - no de vez en cuando sino en todo momento - com¬prenderemos el verdadero significado del éxito.
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LA LEY DE LA POTENCIALIDAD PURA
La fuente de toda creación es la conciencia pura... la potencialidad pura que busca expresarse para pasar de lo inmanifiesto a lo manifiesto.
Y cuando nos damos cuenta de que nuestro verdadero yo es la potencialidad pura, nos alineamos con el poder que lo expresa todo en el universo.
En el principio
no había existencia ni inexistencia;
todo este mundo era energía sin manifestarse...
El Ser único respiraba, sin respiración,
por su propio poder. Nada más existía...
- Himno de la Creación, Rig Veda
La primera ley espiritual del éxito es la ley de la potencialidad pura. Se basa en el hecho de que, en nuestro estado esencial, somos conciencia pura. La conciencia pura es potencialidad pura; es el campo de todas las posibilidades y de la creati¬vidad infinita. La conciencia pura es nuestra esen¬cia espiritual. Siendo infinita e ilimitada, también es felicidad pura. Otros atributos de la conciencia son el conocimiento puro, el silencio infinito, el equilibrio perfecto, la invencibilidad, la simplicidad y la dicha. Ésa es nuestra naturaleza esencial; una naturaleza de potencialidad pura.
Cuando descubrimos nuestra naturaleza esen¬cial y sabemos quién somos realmente, ese solo conocimiento encierra la capacidad de convertir en realidad todos nuestros sueños, porque somos la posibilidad eterna, el potencial inconmensura¬ble de todo lo que fue, es y será. La ley de la poten¬cialidad pura también podría denominarse ley de la unidad, porque sustentando la infinita diversi¬dad de la vida está la unidad de un solo espíritu omnipresente. No existe separación entre noso¬tros y ese campo de energía. El campo de la po-tencialidad pura es nuestro propio yo. Y cuanto más desarrollemos nuestra propia naturaleza, más cerca estaremos de ese campo de potencialidad pura.
. Nuestros pensamientos y comporta¬mientos esperan constantemente una respuesta. Nuestra vida, por tanto, se basa en el temor.
Cuando vivimos según la referencia al obje¬to, también sentimos una intensa necesidad de controlarlo todo. Sentimos intensa necesidad de tener poder externo. La necesidad de aprobación, la necesidad de controlar las cosas y de tener po¬der externo se basan en el temor. Esta forma de poder no es el de la potencialidad pura, ni el po¬der del yo, o poder real. Cuando experimenta¬mos el poder del yo no hay temor, no hay necesi-dad de controlar, y no hay lucha por la aprobación o por el poder externo.
Cuando vivimos según la referencia al obje¬to, el punto de referencia interno es el ego. Sin embargo, el ego no es lo que realmente somos. El ego es nuestra autoimagen, nuestra máscara social; es el papel que estamos desempeñando. A la más¬cara social le gusta la aprobación; quiere contro¬lar, y se apoya en el poder porque vive en el temor.
Nuestro verdadero yo, que es nuestro espíritu, nuestra alma, está completamente libre de esas cosas. Es inmune a la crítica, no le teme a ningún desafío y no se siente inferior a nadie. Y, sin embar¬go, es humilde y no se siente superior a nadie, por¬que es consciente de que todos los demás son el mis¬mo yo, el mismo espíritu con distintos disfraces.
CÓMO APLICAR LA LEY DE LA POTENCIALIDAD PURA
Pondré a funcionar la ley de la. potencialidad pura comprometiéndome a hacer lo siguien¬te:
1) Me pondré en contacto con el campo de la potencialidad pura destinando tiempo todos los días a estar en silencio, limitándome sólo a ser. También me sentaré solo a meditar en silencio por lo menos dos veces al día, aproxi¬madamente durante treinta minutos por la mañana y treinta por la noche.
2) Destinaré tiempo todos los días a estar en comunión con la naturaleza y ser testigo si¬lencioso de la inteligencia que reside en cada cosa viviente. Me sentaré en silencio a ob¬servar una puesta del sol, o a escuchar el rui¬do del océano o de un río, o sencillamente a oler el aroma de una flor. En el éxtasis de mi propio silencio, y estando en comunión con la naturaleza, disfrutaré el palpitar milenario de la vida, el campo de la potencialidad pura y la creatividad infinita.
3) Practicaré el hábito de no juzgar. Comenza¬ré cada día diciéndome: "Hoy no juzgaré nada de lo que suceda", y durante todo el día me repetiré que no debo juzgar.
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LA LEY DEL DAR
El universo opera por medio de un intercambio dinámico... Dar y recibir son aspectos diferentes del flujo de la energía en el universo. Y si estamos dispuestos a dar aquello que buscamos, mantendremos la abundancia del universo circulando en nuestra vida.
Este frágil recipiente lo has vaciado una y otra vez para llenarlo eternamente de vida nueva. Esta pequeña flauta de caña la has llevado por valles y montañas, soplando a través de ella melodías siempre nuevas...
Tus dones infinitos vienen a mí solamente en mis pequeñas manos. Pasan los siglos, y tú continúas vertiendo, y todavía hay espacio para llenar.
- RABINDRANATH TAGORE, Gitanjali
La segunda ley espiritual del éxito es la ley del dar. También podría llamarse la ley del dar y recibir porque el universo opera a través de un in¬tercambio dinámico. Nada es estático. Nuestro cuerpo está en intercambio dinámico y constan¬te-con el cuerpo del universo; nuestra mente man¬tiene una interacción dinámica con la mente del cosmos; nuestra energía es una expresión de la energía del cosmos.
CÓMO APLICAR LA LEY DEL DAR
Pondré a funcionar la ley del dar comprome¬tiéndome a hacer lo siguiente:
1) Llevaré un regalo a cualquier lugar a donde vaya y para cualquier persona con quien me encuentre. Ese regalo puede ser un elogio, una flor o una oración. Hoy les daré algo a todas las personas con quienes me encuen¬tre, para iniciar así el proceso de poner en circulación la alegría, la riqueza y la prospe¬ridad en mi vida y en la de los demás.
2) Hoy recibiré con gratitud todos los regalos que la vida me dé. Recibiré los obsequios de la naturaleza: la luz del sol y el canto de los pájaros, o los aguaceros de primavera o las
primeras nevadas del invierno. También es¬taré abierto a recibir de los demás, sea un re¬galo material, dinero, un elogio o una ora¬ción.
3) Me comprometeré a mantener en circulación la abundancia dando y recibiendo los dones más preciados de la vida: cariño, afecto, apre¬cio y amor. Cada vez que me encuentre con alguien, le desearé en silencio felicidad, ale¬gría y bienestar.
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LA LEY DEL "KARMA" O DE CAUSA Y EFECTO
Cada acción genera una fuerza de energía que regresa a nosotros de igual manera...
Cosechamos lo que sembramos.
Y cuando optamos por acciones que les producen alegría y éxito a los demás, el fruto de nuestro karma es también alegría y éxito.
El karma es la afirmación eterna del libre albedrío... Nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestros actos son los hilos de la red que tendemos a nuestro alrededor.
SWAMI VIVEKANANDA
La tercera ley espiritual del éxito es la ley del karma. El "karma" es a la vez la acción y la consecuencia de esa acción; es causa y efecto al mismo tiempo, porque toda acción genera una fuerza de energía que vuelve a nosotros de igual manera. No es desconocida la ley del karma; todo el mundo ha oído la expresión "Cosechamos lo que sembramos". Es obvio que si deseamos crear felicidad en nuestra vida, debemos aprender a sembrar las semillas de la felicidad. Así, el karma entraña la acción que resulta de las decisiones conscientes.
En esencia, todos somos escogedores de opciones infinitas. En todo momento de nuestra existencia estamos en el campo de todas las posi¬bilidades, donde tenemos acceso a un número in¬finito de opciones. Algunas de estas opciones se escogen conscientemente, mientras que otras se eligen inconscientemente. Pero la mejor ma¬nera de comprender y utilizar al máximo la ley kármica es que seamos conscientes de las decisio¬nes que tomamos en todo momento.
CÓMO APLICAR LA LEY DEL "KARMA" O DE CAUSA Y EFECTO
Pondré a funcionar la ley del karma compro¬metiéndome a hacer lo siguiente:
1) Hoy observaré las decisiones que tome en cada momento. Y con el simple hecho de observar esas decisiones, las traeré a mi conciencia. Sabré que la mejor manera de prepararme para cualquier momento en el futuro es estar totalmente consciente en el presente.
2) Siempre que haga una elección me formula¬ré dos preguntas: "¿Cuáles son las consecuen¬cias de esta decisión?" y "¿Traerá esta deci¬sión felicidad y realización tanto para mí como para aquellos a quienes afectará?"
3) Después le pediré orientación a mi corazón, y me dejaré guiar por su mensaje de bienes¬tar o de malestar. Si me siento a gusto con la decisión, seguiré adelante sin temor. Si la decisión me produce malestar, me detendré a mirar las consecuencias de mi acción con mi visión interior. Esta orientación me per¬mitirá tomar espontáneamente decisiones correctas tanto para mí como para todos los que me rodean.
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LA LEY DEL MENOR ESFUERZO
La inteligencia de la naturaleza funciona con toda facilidad... con despreocupación, con armonía y con amor.
Y cuando aprovechamos las fuerzas de la armonía, la alegría y el amor, creamos éxito y buena fortuna con gran facilidad.
Un ser integral conoce sin viajar, ve sin mirar, y realiza sin hacer.
Lao-TSE
La cuarta ley espiritual del éxito es la ley del menor esfuerzo. Esta ley se basa en el hecho de que la inteligencia de la naturaleza funciona con toda facilidad y despreocupación. Ése es el principio de la menor acción, de la no resisten¬cia. Por consiguiente, es el principio de la armo¬nía y el amor. Cuando aprendemos esta lección que nos enseña la naturaleza, satisfacemos con facilidad nuestros deseos.
CÓMO APLICAR LA LEY DEL MENOR ESFUERZO
Pondré a funcionar la ley del menor esfuerzo comprometiéndome a hacer lo siguiente:
1) Practicaré la aceptación. Hoy aceptaré a las personas, las situaciones, las circunstancias y los sucesos tal como se presenten. Sabré que este momento es como debe ser, porque todo el universo es como debe ser. No lucha¬ré contra todo el universo poniéndome en contra del momento presente. Mi aceptación es total y completa. Acepto las cosas como son en este momento, no como me gustaría que fueran.
2) Habiendo aceptado las cosas como son, acep¬taré la responsabilidad de mi situación y de todos los sucesos que percibo como proble¬mas. Sé que asumir la responsabilidad signi¬fica no culpar a nada ni a nadie de mi situa¬ción (y eso me incluye a mí). También sé que todo problema es una oportunidad dis¬frazada, y que esta actitud de alerta ante to¬das las oportunidades me permite transfor¬mar este momento en un beneficio mayor.
3) Hoy mi conciencia mantendrá una actitud no defensiva. Renunciaré a la necesidad de defender mi punto de vista. No sentiré la ne¬cesidad de convencer o persuadir a los de¬más de que acepten mi punto de vista. Per-maneceré abierto a todas las opiniones sin aferrarme rígidamente a ninguna de ellas.
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LA LEY DE LA INTENCIÓN Y EL DESEO
Inmanente en toda intención y en todo deseo está el mecanismo para su realización... la intención y el deseo en el campo de la potencialidad pura tienen un infinito poder organizador.
Y cuando introducimos una intención en el suelo fértil de la potencialidad pura, ponemos a trabajar para nosotros ese infinito poder organizador.
En el principio era el deseo, primera semilla de la mente; los sabios, habiendo meditado en su corazón, descubrieron por su sabiduría la conexión entre lo existente y lo inexistente.
- Himno de la Creación, Rig Veda
La quinta ley espiritual del éxito es la ley de la intención y el deseo. Esta ley se basa en el he¬cho de que la energía y la información existen en todas partes en la naturaleza. En efecto, a nivel del campo cuántico solamente hay energía e in¬formación. Campo cuántico es sólo otra manera de denominar el campo de la conciencia pura o de la potencialidad pura. Y en este campo cuántico influyen la intención y el deseo. Examinemos este proceso en detalle.
Cuando una flor, un arco iris, un árbol, una hoja de hierba, un cuerpo humano se descompo¬nen en sus partes esenciales, vemos que éstas son energía e información. Todo el universo, en su naturaleza esencial, es el movimiento de la ener¬gía y la información. La única diferencia entre nosotros y un árboles el contenido de información y de energía de nuestros respectivos cuerpos.
CÓMO APLICAR LA LEY DE LA INTENCIÓN Y EL DESEO
Pondré a funcionar la ley de la intención y el deseo comprometiéndome a hacer lo siguien¬te:
1) Haré una lista de todos mis deseos, y la lle¬varé a donde quiera que vaya. Miraré la lista antes de entrar en mi silencio y mi medita¬ción. La miraré antes de dormir por la no¬che. La miraré al despertar por la mañana.
2) Liberaré esta lista de mis deseos y la entrega¬ré al seno de la creación, confiando en que cuando parezca que las cosas no están salien¬do bien, hay una razón, y en que el plan cós¬mico tiene para mí unos designios mucho más importantes que los que yo he concebido.
3) Recordaré practicar la conciencia del mo¬mento presente en todos mis actos. No per¬mitiré que los obstáculos consuman o disi¬pen la concentración de mi atención en el momento presente. Aceptaré el presente tal como es, y proyectaré el futuro a través de mis intenciones y mis deseos más profundos y queridos.