La historia del pueblo mapuche (mapu=tierra, che=gente), a partir del siglo XV, es una historia de lucha, esclavitud y huída por la supervivencia.
Su origen se encuentra en los araucanos, indígenas establecidos en lo que fue posteriormente el lado chileno de la cordillera. Éstos dieron gran trabajo a Valdivia (s. XVI) en su intento por conquistar los territorios del sur. Es más, se cree que fueron el pueblo que más lucha dio y más difícil de derrotar de toda América.
Los araucanos o mapuches, entonces, resistiendo la embestida de los conquistadores españoles, se ponen en contacto más fluido (debido a que ya lo tenían) con sus hermanos trasandinos, los pehuenches, para comerciar con los pampas o puelches (puel=este, che=gente), con quienes intercambian tejidos y trigo, por caballos (necesarios para enfrentar a su poderoso rival) y sal. Los pehuenches, a su vez, recorrían la cordillera del lado argentino, ayudando en la vigilancia, ya que se los hallaba en los pasos fronterizos.
Estos pueblos que en sus orígenes se diferenciaban en su lengua, rasgos, etc., a través de los años y el contacto e intercambio se homogenizan bajo la lengua mapuche (mapudungun), costumbres, etc., dándose un proceso (comenzado en el siglo XVI) de araucanización o mapuchización.
En la Argentina el pueblo mapuche se encontraba establecido en varias provincias, siendo en total alrededor de 70 a 90 mil. Sin embargo la mayoría estaba en la provincia de Neuquén (junto con parte de Río Negro), donde había alrededor de 30 o 40 mil habitantes.
Hoy quedan muy pocos mapuches en la región, ya que su pueblo fue diezmado, asesinado, esclavizado y asimilado a la cultura occidental.
A partir del año 1878, J. A. Roca comienza la llamada "Conquista del Desierto", que durará hasta los años 1883, cuando se logra la "pacificación" e incorporación de Neuquén al territorio nacional. Pero es en esta primera campaña que ocupa la zona del norte neuquino, consecuentemente algunas tribus se rinden y otras huyen a Chile. Este dato es de relevancia para la zona de Villa Pehuenia y alrededores, ya que los mapuches que habitan la región son los descendientes de aquellos que habían huido a Chile, que luego volvieron a su lugar de origen.
Durante estos años se dan varias embestidas contra los mapuches, siendo asimismo los combates muy sangrientos. Dos combates importantes que se llevaron a cabo a pocos kilómetros de donde se encuentra la Villa hoy son los de: "Pulmary" y "Pino Hachado". El combate de Pena Haichol, fue la derrota del famoso cacique Purrón, que huye con los pocos sobrevivientes a través de un boquete oculto en una zona boscosa de grandes pehuenes, desconocido por los huincas (blancos). El nombre -"Pino Hachado"- se debe a que el Ejército en la persecución indígena derriba un pino como guía para su regreso. Curiosidad: el pino fue guardado por los pobladores durante años, quemándose en un incendio.
Por otro lado, la zona en que se ubica Villa Pehuenia actualmente, era el lugar histórico de veranada de las comunidades mapuches. Es recién a fines del siglo XIX que se instala definitivamente en el lugar la Comunidad Mapuche Puel, que se encuentra actualmente en la zona, en los alrededores del volcán Batea Mahuida y en la angostura de los lagos Aluminé y Moquehue. Mientras la Comunidad Mapuche Placido Puel se ubica sobre la costa del lago Aluminé. Entre tanto la Comunidad Mapuche Catalán se ubica en las afueras de la Villa.
Mapuches
Mapu=Tierra
Che=Gente
El pueblo mapuche, es originario de América del Sur. Se encuentra asentado desde sus orígenes, en la zona que hoy ocupa la zona central de Chile y las provincias argentinas de Neuquén, Río Negro y parte de Buenos Aires.
Cuando los conquistadores hispanos llegaron al sur del continente en el siglo XVI, encontraron una ' numerosa població n -alrededor de un milló n de personas-, que se autodenominaban "Mapuches". Sin embargo, a pesar de tener una lengua común, se podian distinguir varios grupos, de acuerdo a la región geográfica que habitaban, Huilliches en el sur, Picunches al norte y Pehuenches al este.
Los relatos de la época, recuerdan que los antiguos mapuches tenían buenos conocimientos, sabian nombrar las estrellas, los pájaros, las aves, los animales, los insectos y hasta los peces del río y del mar. Conocian las plantas y árboles, y hasta las piedras tenían sus nombres.
La vital relación con la tierra se refleja claramente en su cultura, y allí se destacan los nombres que describen los distintos lugares que habitan, y que luego se tranformaron en nombres y apellidos.
La Cordillera de los Andes -Pire-Mapu o Piren-, (tierra de las nieves), es el territorio por excelencia del pueblo Mapuche. Esta gran muralla jamás pudo separar a este pueblo, que siempre vivió recostado sobre sus laderas y en ellas busco y busca los medios de subsistencia.
Origenes:
Los mapuches que se autodenominan “hombres de la tierra”, nacen de una lucha desatada entre el océano y la cordillera, los dos elementos centrales que modelan su territorio y su cultura. La memoria del pueblo recuerda su pasado como un enfrentamiento entre la culebra “Cai-Cai”, que vivía en lo más profundo del mar, y la culebra “Ten-Ten”, que habitaba en la cumbre de los cerros.
La leyenda cuenta que esta última le aconsejó a los mapuches que subieran a las montañas cuando el agua comenzára a subir, muchos lo lograron, pero otros murieron transformandose en peces. Hicieron sacrificios y el agua se calmó, bajaron de las montañas y poblaron la tierra...así nacieron los mapuches. Sobre el origen anterior del pueblo mapuche, todavia hoy hay grandes incognitas, y tampoco hay recuerdos anteriores al diluvio.
Religión:
Una vez al año, en otoño, los Mapuches realizan sus rogativas o fiestas religiosas (Nguillatún o Kamaruco). En las cuales agradecen a la tierra (Neguenechen), su dios mås importante por su existencia, sus cosechas, sus familias, el clima, etc.
La vital relación del mapuche con la tierra, no sólo abarca el ámbito de subsistencia material, también encuentra allí su expresión espiritual, su cosmovisión, la forma en que representa al mundo, y su relación con las fuerzas sobrenaturales. Esta relación con su territorio explica su voluntad de independencia, que no en vano mantuvieron durante tres siglos y medio, luchando sin tregua por la libertad.
Alimentación:
Sus principales actividades de subsistencia eran la caza, pesca y recolección de los frutos(piñon) del pehuén (Araucaria Araucana). Aún en nuestros días la última persiste. Los piñones son almacenados, y en base a ellos se preparan distintas comidas y bebidas, como el mudai (bebida preparada de piñones) y el kofkekura (pan hecho en base a harina de piñones y amasado sobre una piedra)
Pese a los cambios introducidos desde el contacto con el español, estas formas de subsistencia se han mantenido hasta la actualidad, incorporando la cria de animales y el cultivo de la tierra.
Actualidad:
Actualmente el pueblo Mapuche continua reclamando su territorio que fue sometido al dominio de Chile y Argentina a fines del siglo pasado. Ya más dispersos e influenciados por la modernidad de nuestros días, conservan gran parte de sus tradiciones y nombres. Estos últimos usados, en su gran parte, actualmente. Nombres como: Neuquén , Bariloche, Zapala, Chocón, Limay, Pehuajo, Puen, Chos Malal, Lanin,Nahuel Huapi, Lacar, Temuco, Pucón,etc.
También han surgido actividades a nivel internacional en un intento por recuperar parte de la cultura y territorio perdido. Es así como se han llevado ha cabo encuentros en varias ciudades europeas y han logrado implementar la educación bilingüe en varias regiones del lo que fuera su territorio.
Mensaje de una anciana Mapuche a la Humanidad
Un relato Mapuche:
VIAJE A LA TIERRA DE LOS MUERTOS
Contado por Juan F. Melivilu (Maquehua) y recopilado por Guevara (1908: 347-349).
Había una joven indígena que se casó con un joven también indígena. Una noche soñó la joven que se clavaba con espinas. Cuando despertó, conoció que las espinas eran una fuerte fiebre que le devoraba la vida a su marido. La fiebre fue tan fuerte que al cabo de unos días murió. La infeliz se vio sin ningún apoyo en este mundo y sólo pensaba morir para irse a unir con su marido allá en el otro lado de la mar. Para conseguir su proyecto, la viuda no comía ni dormía y todas las noches salía a un sitio más apartado de su casa, para llorar y llamar a su marido. Una noche casi desmayada de tanto llamarlo, se quedó dormida; cuando despertó, se encontró en brazos de su marido: él le preguntó por qué lo llamaba tanto; ella le dijo que no podía vivir sin él y que se la llevara. Le prometió que a la noche siguiente la vendría a buscar, porque no tenía los útiles necesarios para el viaje, que era muy lejos donde estaba. Le encargó se fuera para la casa y a la noche siguiente trajera ropa que se abrigara.
A la noche siguiente vino y como no llegara tan luego su marido, se quedó dormida. Cuando despertó ya había llegado su marido. Le pasó seis panes y le hizo comer uno antes de subir a caballo. La tomó en ancas y le dijo que la marcha debía ser en silencio. A poco andar, se quedó dormida; cuando despertó, estaban a las orillas de un mar; amarraron el caballo. Había una canoa; él le dijo que antes de embarcarse tenía que comerse otro pan. Como por la mitad le dijo que debía comerse otro pan: se quedó dormida. Cuando despertó, estaban a la otra orilla del mar. Veían fuegos y a mucha gente calentándose y bebiendo. Se desembarcaron y ella reconoció a los parientes que habían muerto muchos años atrás. La vinieron a saludar; ella se sentó. Todos bebían, cantaban y lloraban.
Ella se quedó dormida y cuando despertó, era ya de un día claro y no vio a nadie, sólo unos carbones que humeaban y casi la dejaban ciega. Se puso a llorar al verse desamparada; se volvió a quedar dormida. Cuando despertó, era de noche y todos estaban bebiendo como en la anterior. Luego vino su marido y llorando le preguntó por qué la había desamparado; él le dijo que no podía ver la luz del día y que los carbones eran todos los que ella veía en la noche. Le aconsejó que se volviera a su tierra, porque donde estaban se sufría mucho; ella aceptó y se fueron a la orilla del mar. Antes de embarcarse le dijo que tenía que comerse otro pan; se embarcaron. La mujer se quedó dormida. Después despertó. Habían llegado a este lado del mar, desembarcaron.
El hombre le dijo que se sentara en un palo que había ahí hasta que amaneciera. Se despidió y se fue. La mujer se durmió por última vez. Cuando despertó, estaba en el cementerio, y el palo donde ella estaba sentada, era el mismo con que habían tapado la sepultura de su marido. Se puso a gritar, y como el cementerio estaba cerca de su casa, vinieron su suegra y todos los demás que vivían en la casa, porque ella no se animaba a moverse de miedo. La llevaron para la casa, le calentaron los pies y la acostaron. En la tarde, cuando se le pasó el susto, contó lo que le había pasado y a los seis días murió.
FUENTE:
Diccionario de Mitos y Leyendas - Equipo NAyA
http://www.cuco.com.ar/
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