El inalterado Rincón de Belagua
En lo más alto del Pirineo navarro, en el límite con Francia, se asienta el Rincón de Belagua, el ecosistema más relevante del Valle del Roncal. La puerta para visitarlo es el pueblo montañés de Isaba, del que sale una carretera que pasa por el Mirador de Belagua, con la mejor vista del conjunto, y llega hasta la Reserva Natural de Larra, uno de los parajes kársticos más extensos de Europa (120 km2). Belagua es de acceso angosto pero luego se ensancha en verdes praderas. En coche o a pie, se atraviesan pastizales moteados por cabañas y delimitados por hayedos y abetales. El paraje está enmarcado en tres de sus lados por algunas de las cumbres más emblemáticas del Pirineo, entre ellas la Mesa de los Tres Reyes (2.428 m), la más alta de Navarra.
Val di Funes, tesoro de los Dolomitas
Funes es un pequeño municipio de la provincia de Bolzano que agrupa tres aldeas idílicas: Tiso, San Pietro y Santa Maddalena –en la fotografía–. Se accede desde Bressanone (a 20 km), una localidad de aspecto tirolés, con edificios barrocos y cafés que sirven un delicioso chocolate a la taza. Funes preside un valle de apenas 24 kilómetros que forma parte del más extenso Val d’Isarco. Intacto y tranquilo, destaca por la fotogenia de sus prados, dominados por inmensas cimas dolomíticas –Sass Rigais, de 3.025 m, es la más alta–.
Val di Funes, destino de rutas a pie en verano y otoño, y con raquetas de nieve en invierno, dista poco del Parque Natural Puez-Odle, de gran interés botánico; en Santa Maddalena está el centro de visitantes.
Los viñedos del cantón de Vaud
A orillas del lago Leman, en el oeste de Suiza, se extienden los viñedos de Lavaux, un Patrimonio de la Humanidad (2007) que acumula mil años de tradición vinícola. Los antiguos pobladores de la zona crearon terrazas en las riberas del lago para regar con la calidez del sol sus cepas de uva blanca chassela. Hoy, estos paisajes son el eje de una ruta entre Lausana y la elegante Montreux. En ella pueden visitarse hasta veinte bodegas de la denominación Vaudais que organizan catas y paseos por antiguos caminos con vistas a las viñas y al lago. El viaje se completa en el Lavaux Vinorama, en Rivaz, un centro donde se explica el pasado y el presente de la elaboración del vino, y en el Museo de la Viña, en el castillo de Aigle, que ilustra la historia vinícola de Lavaux desde la Edad Media.
Arquitectura serrana en Albarracín
Aupado sobre una loma que encajona el río Guadalaviar se asienta Albarracín, defendido por su muralla de origen árabe (siglo X). El largo muro, vestigio de la época en la que el pueblo trazaba la frontera entre musulmanes y cristianos, conserva varias torres intercaladas. Destacan la de Doña Blanca –hoy sala de exposiciones– y la del Andador, el mejor mirador para ver la Catedral rematada en azulejos y las azoteas de este pueblo de arquitectura serrana y color arcilla. Lo habitual es deambular por calles estrechas y empinadas, como las del Chorro y Azagra, que se adaptan al terreno con escaleras y pasadizos. Una singularidad de Albarracín son sus casas de piedra con balcones de madera. La más famosa es la Casa de la Julieta que, en una esquina, parece desafiar la gravedad.
Zahara de la Sierra, vigía de Grazalema
En pleno Parque Natural de Grazalema se localiza Zahara de la Sierra, etapa de la Ruta de los Pueblos Blancos gaditanos. La villa, declarada Conjunto Histórico Artístico, se deja caer por una ladera coronada por los restos de un castillo roquero de la época nazarí (siglo XII). Queda en pie la torre del Homenaje, que guarda la memoria en piedra de este enclave fronterizo de al-Andalus. Las calles empinadas del pueblo y las plazas refrescadas por fuentes tienen miradores desde los que se admira un panorama que abarca el embalse de Zahara. Es imprescindible entrar en la iglesia de Santa María de la Mesa (XVII) para contemplar el esplendoroso retablo barroco. Zahara es punto de partida de rutas a pie, en bicicleta y a caballo por la sierra y cuevas de Grazalema.
Cadaqués marinera
El aislamiento natural de Cadaqués ha ayudado a preservar la fisonomía de esta villa marinera que hoy, como siglos atrás, sigue mezclando el azul mediterráneo, el verde de los pinos, una bahía protegida de la tramontana y una arquitectura de casas encaladas. Nacida cara al mar para defenderse de los piratas, Cadaqués se eleva como un navío flotando en el Mediterráneo, cuyo mástil es la iglesia de Santa María. A sus pies las casas apiñadas se amoldan a las cuestas, ofreciendo miradores improvisados y terrazas donde refrescarse mirando al mar. El núcleo antiguo tiene ejemplos de arquitectura modernista –Casa Serinyena–, restaurantes y talleres de pintores enamorados del pueblo, como lo estuvo Dalí, quien arrastró con él a sus amigos artistas García Lorca, Matisse y Picasso. En la vecina cala de Port Lligat está la casa-museo del genio ampurdanés.


Excelente Amigo, Fantasticos Paisajes y muy buena Musica Bro.!!! Reco y Fav volvere Amigo !! Que pases una Excelente tarde / noche saludos

